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Homenaje a los elementos

Hace un par de días tuve la suerte de poder visitar la exposición “Años luz” de Eugènia Balcells, donde me tropecé con una obra que mezclaba la Ciencia y el Arte de una forma con la que me sentí totalmente identificada, porque la Ciencia tiene mucho de Arte, y el Arte tiene mucho de Ciencia. Ambos nacen de uno de los rasgos que más nos caracterizan: la curiosidad.
 
La pieza en cuestión se llama “Homenaje a los elementos” y se trata de una tabla periódica en la que cada uno de los elementos aparece representado por su espectro de emisión:
El texto que acompaña a la obra en la exposición dice así:
 
Vedlos: a la derecha, los gases nobles -en rojo, como los domingos, como los días de descanso, porque rehúsan combinarse y son ociosos y tranquilos-; arriba, como torres aisladas, el hidrógeno y el helio, los grandes dominadores del contenido del universo -quizás fuera más lógico presentarlos como raíces que como cúpulas, ya que son esto: origen, fundamento, raíz celeste-; debajo, seis pisos más y, como dos sótanos, los lantánidos y los actínidos; en el sexto piso, las oficinas de la vida -el carbono, el nitrógeno y el oxígeno, tan fecundos: bosques y atmósferas, energías enterradas-; en el quinto -seguimos bajando- toda la arena de las playas y los desiertos -el silicio- y la sal de todos los mares -el cloro, el sodio y el magnesio-; en el cuarto piso, el calcio y el potasio -que, con el sodio del quinto, fluyen en los nervios como los sueños, y también, como una puerta infranqueable, el hierro.
A partir de él, todo se ha formado con violencia, en grandes explosiones de supernovas: el cobre del cuarto piso, la plata del tercero y, en el segundo, el oro y el mercurio -fascinantes- y el plomo y el bario, tan densos.
En el primer piso, el rescoldo abrasa todavía: el radio, y el uranio en su sótano, radiactivos, como si quisieran recordarnos el tumulto ensordecedor de su origen.
En el último sótano predomina el artificio: los átomos son muy breves, un juego de ingenio que dura el tiempo justo de alcanzar un nombre y desaparecer -ya no hacen falta: son una fatiga que el mundo no quiere soportar.
Miradlos: aquí, los ladrillos del mundo, alineados en pisos, estantes, repitiendo regularmente propiedades, delatando una estructura más profunda, ya no materia eterna e inmutable, sino historia en las estrellas, rastros de tanteos, edificios de niveles y subniveles, nubes de incertidumbre, flores combinatorias.
Venimos de más allá de estas piezas, no sabemos hacia dónde vamos, pero ¡qué gozo haber podido comprender tras ellas la belleza de una lógica del mundo!
 
“La tabla períodica”, de David Jou.
 
 
 
Qué tiene de Arte esta obra es evidente y sería un error tratar de explicarlo. Pero ¿qué tiene de Ciencia?
 
Por un lado la maravillosa tabla periódica; y digo maravillosa porque a cualquier científico le maravilla su simpleza, su orden, que todo el universo esté contenido en ella, y que de ella sigamos aprendiendo y leyendo propiedades de lo único que forma todo: los elementos. La que figura en esta obra es la versión actual de la tabla de Mendeleiev, donde todos los elementos aparecen ordenados por su número atómico creciente (el número de protones de su núcleo) y fue colocando unos bajo otros en función de su similitud química y física. Lo que en un principio puede sonar así de sencillo, resultó contener más información de la que Mendeleiev podría sospechar en 1869.
Como suelo decir a mis alumnos: si llegásemos a leer la tabla periódica con la misma profundidad con la que hay que leer poesía, querría decir que ya sabríamos toda la Química posible.
 
Por otro lado, en esta obra, además de la tabla periódica,  cada uno de los elementos aparece representado por su número atómico, su símbolo y su espectro de emisión. Todas ellas pueden entenderse como huellas dactilares, pues un elemento es dicho elemento si, y sólo si, tiene un número concreto de protones en su núcleo; y su espectro de emisión (que ya expliqué grosso modo qué era en la entrada anterior) es siempre el mismo si se trata del mismo elemento. Y no sólo describe al elemento, sino que del espectro sacamos información de cómo es cada elemento por dentro, de cómo es su naturaleza y, por tanto, de cómo es la naturaleza de todo.
 
 

    3 comentarios en "Homenaje a los elementos"

    • Ramiro says

      Que hermosa entrada.

      De belleza sin igual es una delicia leerla una y otra vez

      • Deborah García Bello says

        Gracias Ramiro.

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