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Una batalla por la Ciencia

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En la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña se están celebrando las Jornadas de Bioconstrucción UDC [1] que, primeramente iban a desarrollarse en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, y finalmente han sido acogidas por la de Arquitectura. Estas jornadas han sido organizadas por ESPIGA (Asociación Gallega para la Bioconstrucción) y ESF (Ingeniería sin fronteras de Galicia).

La Bioconstrucción puede definirse como un sistema de construcción fundamentado en la ecología, es decir, que persigue el uso responsable de los recursos, el mínimo impacto medioambiental, el respeto por la salud de los seres vivos, la eficiencia energética, la sostenibilidad, etc.

Por definición la Bioconstrucción es absolutamente legítima. Lo que ha ocurrido en estas jornadas es que la Bioconstrucción ha sido conducida por algunos de sus ponentes hacia derroteros contrarios a la Ciencia, alarmistas y faltos de rigor.

El pasado jueves 24 de septiembre acudí a las conferencias relacionadas con la salud, la primera llevada a cabo por Elisabet Silvestre [2] [3]. La mayor parte de su charla se centró en los peligros de los campos electromagnéticos y los «químicos» para nuestra salud, demostrando un pobre dominio de la materia, cayendo en falacias y modos propios de los defensores de las pseudociencias.

La bióloga Elisabet Silvestre dice claramente que los campos electromagnéticos de baja energía, por el hecho de estar expuestos constantemente a ellos, suponen un riesgo para la salud ante el que tenemos que aplicar el «principio de precaución» y minimizarlos tanto como nos sea posible. ¿Realmente suponen un riesgo los campos electromagnéticos de baja energía?

La radiación electromagnética la clasificamos de la siguiente manera:

Espectro

Por encima de la radiación visible está la radiación de alta energía que también llamamos radiación ionizante: ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Esta radiación es capaz de romper moléculas. De esta radiación nos protegemos siempre porque el riesgo para la salud es elevado, ya que es una radiación capaz de alterar nuestro ADN.

En cambio, la radiación de baja energía, como las ondas de radio, las microondas, el wifi, etc. es radiación no ionizante, no es peligrosa para la salud porque no es capaz de alterar moléculas, como mucho de hacerlas vibrar y con ello producir calor. Si la radiación visible, lo que vemos, no nos afecta a la salud ¿cómo es posible que lo haga la radiación que es cientos, miles y millones de veces menos energética? No es posible.

No es cierto que, tal y como afirma Elisabet, no haya consenso científico, porque sí lo hay y es tajante: la radiación de baja energía es segura y no se puede relacionar con ninguna patología. Para afirmar esto se han hecho numerosos estudios científicos[4] que descartan cualquier relación de causa-efecto. El consenso científico es abrumador. Esta correlación no se mide con sensaciones subjetivas e individuales, no se mide con opiniones, se mide con datos objetivos. Si hemos comprobado que, con los métodos actuales y lo que sabemos actualmente, la radiación de baja energía no causa daños en la salud, ¿por qué vamos a desconfiar de ello? ¿por qué vamos a escoger un grupo de radiaciones, como la wifi o el infrarrojo, y tacharlas de nocivas? ¿por qué esas y no otras radiaciones? Si nos fiamos de opiniones y criterios subjetivos tendríamos que tenerle miedo a todo.

Si fuera cierto lo que sostiene Elisabet, «se habría registrado hace años un aumento de los tumores cerebrales y otros males que se atribuyen a la wifi y los móviles, de los que sólo había 91 millones de líneas en 1993 y ahora hay más de 7.300 millones. ¿Ha habido un incremento de las patologías que algunos achacan a las ondas de baja energía? No» [5].

Uno de los momentos más representativos y delirantes de esta parte de la charla fue la siguiente imagen, de la cual se habló en el turno de preguntas:

Electrodos pies a toma de tierra

Esta imagen, según Elisabet, representa a una persona tumbada con unos electrodos en los pies que hacen de toma de tierra para que pueda «descargar» después de haber estado sometido a campos electromagnéticos en su entorno laboral, como si fuese posible cargarse y descargarse.

Toda la charla está repleta de despropósitos y argumentos falaces que crean alarma en quien no conoce la materia y no posee conocimientos básicos de electromagnetismo, haciendo creer a gran parte de los allí presentes que estaban sometidos a un peligro al que nadie ponía freno, y que ella, como empresa, sí podía aportar soluciones. Nos enseñó varios proyectos de arquitectura y diseño en los que había intervenido profesionalmente para salvaguardar a los usuarios del inmueble de los males del electromagnetismo.

Bart Paranoid

Otra parte de la charla fue la referente a las sustancias químicas supuestamente perjudiciales para la salud, que es realmente la parte de la conferencia que más me toca de cerca. Elisabet citó como ejemplos los parabenos, los ftalatos, el bisfenol A, entre otros. Para evitar el uso de todos ellos aludía al principio de precaución.

Lo primero que hay que saber sobre estos compuestos es que todos ellos están estudiados individualmente y cuyo uso está regulado según la especificidad del producto, es decir, para qué vaya a usarse y para qué público se destine.

Elisabet argumenta falsamente que los productos que llegan al mercado no han de demostrar previamente que son seguros, sino que se hace al revés, que después de estar en el mercado son otros los que han de demostrar que efectivamente ciertos ingredientes son inseguros. Esto es totalmente falso. Para que un producto llegue al mercado, ya sea un cosmético, un fármaco, o una pintura, ha de demostrar previamente que no supone un riesgo para la salud, y sólo si pasa unos estrictos controles de calidad puede llegar al mercado.

También es cierto que ningún control está exento de error al 100%, y es por ello que los métodos y conclusiones de la Ciencia no son definitivos, sino que evolucionan para acercarse lo máximo posible a ese 100%. Las sustancias que un día probaron ser inocuas se siguen valorando periódicamente por ese motivo. El método científico no es infalible, pero es lo mejor que tenemos para garantizar la seguridad de lo que consumimos.

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Para rebatir este hecho Elisabet comentó que se habían retirado del mercado unos cosméticos de Chanel por contener mercurio en su formulación. Esta noticia que circuló por la red es falsa. El mercurio, igual que cualquier otro metal pesado, está prohibido en formulación cosmética porque se ha probado que es inseguro. Ahí nos dejó claro a todos que sus fuentes de conocimiento a veces vienen de correos electrónicos en cadena.

Otro principio básico que se saltó a la torera es que la dosis hace el veneno. Es decir, que todas las sustancias son venenosas a partir de cierta cantidad. Una sustancia en sí misma no es un veneno, la dosis es la que la convierte en veneno. El agua a partir de cierta cantidad de ingesta también es letal. Elisabet se encargó de repetir que «ante dosis bajas tampoco podemos afirmar que estamos seguros». Es cierto que hay sustancias que son tóxicas a partir de dosis muy bajas, pero esas dosis están medidas, no están sujetas al criterio subjetivo de nadie. Se mide a partir de qué cantidad una sustancia representa un riesgo apreciable para la salud y por normativa esa cantidad se fija siempre por debajo de ese límite. El riesgo no se mide de forma puntual, sino que estas cantidades se refieren a un uso continuado y al riesgo que esto supondría a lo largo de toda la vida, así que sí se consideran fenómenos como que ciertas sustancias se eliminen del organismo más o menos rápido o en cambio se vayan acumulando.

En el caso de los parabenos, de los que ya os he hablado en un artículo específicamente destinado a ellos [6], no podemos referirnos a ellos como conjunto, ya que se trata de un grupo de sustancias y cada una de ellas se estudia individualmente. Es cierto que existen parabenos que son disruptores endocrinos y por ello nunca se han utilizado en cosmética. En cambio, los que sí se utilizan han probado su eficacia y seguridad sin dejar espacio a la duda, y con un historial de inocuidad de décadas. Los parabenos son conservantes usados en cosmética, así que protegen al producto de la degradación y por tanto protegen al consumidor. Si un cosmético no lleva estos conservantes, llevará otros.

Alegar principio de precaución para minimizar o eliminar estos compuestos de la formulación de un cosmético es absurdo. El principio de precaución ya se está empleando: ante cualquier indicio de inseguridad, la exposición a un agente peligroso se minimiza o se elimina completamente. Si no hay ningún indicio, como en este caso, es absurdo prohibir el uso de una sustancia. ¿Por qué eliminar esa y no otra cualquiera? El principio de precaución no se basa en una decisión subjetiva ante hechos no probados, sino ante hechos probados y riesgos posibles.

«Un interesante ejercicio consistiría en evaluar, si tarea tan compleja y descomunal fuera posible, lo que habríamos perdido si se hubieran prohibido automóviles, trenes, barcos, o aviones. Porque si sumamos las muertes que han ocasionado en el último siglo esos medios de transporte, además del resto de perjuicios ambientales que causan, la aplicación del principio de precaución hubiera conducido, creo que de manera inexorable, a su total prohibición» [7].

Bajo el mismo prisma Elisabet comentó el uso del formaldehído, de los ftalatos y del bisfenol A. Todas ellas sustancias que se utilizan siempre de acuerdo a la legislación vigente y de forma que no causen ningún perjuicio para la salud. De nuevo alegó principio de precaución para eliminarlas, como si su uso fuese malintencionado y no respondiese a ninguna utilidad.

Si un producto contiene cualquiera de estas sustancias, u otras con nombres que el consumidor medio no tiene por qué conocer, no debe sospechar de su inseguridad, pues han pasado todos los controles hasta llegar al mercado, así que se ha perseguido que la probabilidad de error sea mínima. Su uso está siempre indicado: por ejemplo la mayoría de las pinturas son tóxicas por ingestión porque no han sido formuladas para ser ingeridas. El principio de precaución se usa en casos donde existe un riesgo relacionado con un uso concreto y con un grupo de riesgo. Por ejemplo: existen pinturas formuladas específicamente para entornos infantiles, porque no podemos controlar que no las ingieran.

Esto es similar a lo que sucede con el bisfenol A, BPA. Esta sustancia se utiliza en la fabricación de algunos polímeros plásticos. En todos los materiales pueden producirse migraciones de pequeñas cantidades de sus componentes hacia los alimentos que entran en contacto con ellos. El BPA es una sustancia que a partir de cierta cantidad puede actuar como disruptor endocrino.

Esta sustancia ha sido evaluada en innumerables ocasiones. En el año 2002 la EFSA estableció la ingesta diaria tolerable teniendo en cuenta exposiciones extremas y grupos de riesgo, como en el caso de bebés lactantes cuyos biberones contengan BPA. El resultado mostró que la exposición de los bebés era inferior al 30% de la cantidad considerada tóxica, así que nunca llegó a representar un riesgo que comprometiese la salud de los bebés. A pesar de ello en el año 2011 y debido a la existencia de materiales alternativos para la fabricación de biberones, la Comisión Europea  estableció la prohibición de uso de BPA en los biberones [8]. Este es un ejemplo de que cualquier mínimo indicio de inseguridad es suficiente para cambiar la normativa.

Siguen existiendo polímeros plásticos que contienen BPA y cuyo uso en contacto con alimentos es legítimo. La razón es que a esas dosis no suponen ningún riesgo apreciable. Afirmar lo contrario, tal y como ha hecho Elisabet, no sólo es falaz, sino que supone crear una alarma social innecesaria y peligrosa: si se hubiese determinado que el BPA es inseguro en esas concentraciones, se habría retirado del mercado inmediatamente. Lo que no podemos hacer es coger un puñado de sustancias y, sin pruebas, decir que son insalubres. O peor aún, lo contrario, presumir que otras son saludables sin haberlo probado. Ese es el papel de la Ciencia, el de valorar los posibles riesgos en función de pruebas periódicas, no de suposiciones aleatorias.

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La idea que se extrae de este tipo de charlas es que hay alguna intención maliciosa en el empleo de ciertas sustancias, que lo sabemos y nadie hace nada por motivos económicos o retorcidas conspiraciones.

Algunos de los allí presentes, posiblemente ya convencidos de antemano y que acudieron a la charla para reafirmar sus convicciones, afirmaron no creer en la información de las etiquetas de los cosméticos y de los alimentos, ni sobre sus componentes ni sobre su procedencia.

Cuando Elisabet comentó que es más segura una manzana producida mediante técnicas primitivas, por no contener «químicos», que es el colmo de lo acientífico y la incultura, algunos de los allí presentes no sólo aplaudieron su ofuscación, sino que argumentaron a favor de volver a vivir tal y como lo hacíamos hace siglos, que ese era el avance de la agricultura, volver al pasado.

Elisabet dijo que comerte una manzana atestada de «químicos» efectivamente no iba a matarnos, no inmediatamente, pero que sus daños los sufriríamos a largo plazo, augurando que esa manzana nos estaría matando poco a poco. ¿Está esto demostrado? No. Lo que está demostrado es lo contrario, que el progreso de la agricultura se ha traducido en una mayor calidad de vida y en una mayor seguridad y control de lo que consumimos.

Yo no dejaba de pensar en que toda esa cantidad de infamias escupidas por alguien que vive de infundir miedo en los demás se estaba produciendo en mi universidad, en una facultad situada a escasos metros de la facultad de Química en la que estudié. Me duele que esto se haya colado en mi universidad y no pude quedarme de brazos cruzados.

Aguanté durante horas su charla y el turno de preguntas. Traté de demostrar con preguntas intencionadas que Elisabet no contaba con la formación suficiente sobre los temas de los que nos había hablado, incurriendo en errores que traté de señalar, quizá sin éxito por las constantes interrupciones de seguidores de las doctrinas de Elisabet. Algunos de los allí presentes se dirigieron a mí elevando el tono y levantándose de sus asientos, pues para ellos yo era la que había sido manipulada por «la industria» y, más grave aún, por «la Ciencia». La situación terminó siendo bastante desagradable porque me sentí sola ante el peligro, con la Ciencia de mi lado y la pseudociencia atacando y señalando sin ningún rubor, sin cuestionarse nada, desde la imprudencia que la caracteriza.

Salí de allí con el ánimo tocado, pues queda un duro camino por delante y personas como Elisabet, que viven del miedo, son un lastre para la Ciencia y para la sociedad.

Por culpa de la influencia sobre la opinión pública que ejercen personas como Elisabet, que utilizan todas las argucias posibles para conectar emocionalmente con el público, alegando la supuesta lógica del principio de precaución, hablando de grupos de riesgo como «niñitos» y personas enfermas, y utilizando el argumento de autoridad –como es bióloga se le presumen conocimientos científicos, de la materia científica que sea- se han llegado a tomar medidas contrarias a la Ciencia sólo por apaciguar los ánimos de la sociedad. Recientemente en Vitoria se ha limitado el uso de wifi en espacios destinados a niños, aun cuando sabemos que la radiación wifi no supone ningún riesgo para la  salud [5].

Estas actitudes se alimentan de personas como Elisabet, cuya actividad profesional pasa por implementar espacios libres de wifi y otras disparatadas acciones supuestamente en defensa de la salud, aprovechándose del limitado conocimiento que normalmente tienen muchos ciudadanos sobre electromagnetismo y hacer negocio con ello. A esto hay que sumarle que la parte de la Física que estudia las ondas y los campos electromagnéticos prácticamente no está representada en el currículo académico: durante la LOE sólo se trataban contenidos básicos en un curso de la ESO, en la actualidad, con la LOMCE, sólo accederán a esta parte del temario los estudiantes que escojan la asignatura de Física en 2º de Bachillerato, justo antes de empezar sus estudios universitarios [9]. Cuando parte del conocimiento científico está limitado a un segmento reducido de población, el resto se convierten en un nicho perfecto para el mercado del miedo.

Se suponía que Elisabet venía a hablarnos de cómo «vivir sin tóxicos», cuando lo realmente tóxico son las personas que propagan miedos infundados y defienden movimientos pseudocientíficos, contrarios al método científico.

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Esta especie de denuncia espero que sirva para que no nos creamos este tipo de pseudociencias y aprendamos a detectarlas, y también para cuidar más si cabe todo lo que entra en la universidad y es financiado con fondos públicos. Hay que poner freno a conspiranoicos que vienen a enturbiar la imagen de la Ciencia, la imagen de la universidad, a fomentar la sospecha y a maleducar donde se supone que educamos.

Me consta que la vorágine que se montó durante el turno de preguntas en parte gracias a mi insistencia, posiblemente no haya sido en vano, ha trascendido a donde tenía que trascender, así que al menos hice frente -o aguanté el tipo- por algo.

También me consta que esta no ha sido la única conferencia que hizo saltar las alarmas en la universidad, que otros tantos como Elisabet se sumaron al carro de las pseudociencias en estas jornadas.

El asunto ya está en manos de quien debe estar y se tomarán medidas al respecto. Confío plenamente en el buen hacer de los gestores de la universidad y sobre todo en la facultad de Ciencias porque ya ha mostrado anteriormente su implicación en la lucha por erradicar la pseudociencia de las universidades y sé que esta vez no va a ser menos.

Cuando la Ciencia gane esta batalla volveré para contarlo.

[1] Xornadas de Biocosntrucción, ESPIGA. 

[2]  HÁBITAT SAUDABLE. Elisabet Silvestre. Xornadas de Bioconstrución. (Vídeo

[3]  NORMA TÉCNICA EN MEDICIÓNS DE BIOCONSTRUCIÓN. Inhar Agirrezabal. Xornadas de Bioconstrución. (Vídeo con turno de preguntas

[4] Electromagnetic fields 

[5]  Magonia: Vitoria y la wifi, un pleno municipal analfabeto. Alfonso Gámez.  

[6]  Dimetilsulfuro: ¿Son más seguros los productos sin parabenos? 

[7] Next: El principio de precaución tiene truco. Juan Ignacio Pérez. 

[8]  EFSA explains the Safety of Bisphenol A

[9]  A la LOMCE le falta luz: cómo formar un inculto electromagnético. Eugenio Manuel Fernández Aguilar. 

    41 comentarios en "Una batalla por la Ciencia"

    • Irma says

      Hola, Deborah, me llamo Irma y soy biologa (parece una presentacion de Alcoholicos Anonimos, jajaja), y siento muchisimo que te hayas tenido que topar con una companhera asi. Soy seguidora de tu blog desde hace un tiempo precisamente porque durante muchos anhos trabaje como docente en Seguridad Alimentaria y ni te imaginas la de bobadas que he tenido que escuchar acerca de “radiaciones peligrosas”, “cactus que captan las radiaciones del ordenador”, “los quimicos de los alimentos” y “pues nuestros abuelos vivian mucho mejor”. Daria para un libro, o una enciclopedia. Ya se que no es mas que una frase hecha, pero la ignorancia hace a la gente muy valiente. Solo espero que no nos metas a todos en el mismo saco, somos muchos los que nos negamos a que se asuste a la poblacion de esta forma, y basamos nuestras charlas y clases en el conocimiento cientifico, no en presentaciones de PowerPoint que llegan por internet.
      Por cierto, disculpa la ortografia, pero soy de ese saco de gente que se ha tenido que pirar de Espanha y estoy viviendo en Bergen desde hace dos anhos, y no tengo configurado el teclado de este ordenador para castellano. Me pondre a ello…
      Un saludo y enhorabuena por el blog!

    • Pícara says

      Qué horror tuvo que ser ese turno de preguntas. Yo no podría haber mantenido la compostura.

    • Hola, Débora
      Gracias, gracias y más que gracias.

      Yo iba para bióloga y acabé en bellas artes, pero sigo temas científicos (a nivel usuario;) con interés. Además soy madre, y no te imaginas las burradas que se acaban por oír al cabo del día entre madres –preocupadas y bienintencionadas– sobre los bisfenoles, los parabenos, el azúcar, la leche, el trigo y demás venenos temibilísimos. Quiero que sepas que enlazo a tu blog en cuanto puedo a cualquiera que me hable de los terrores maléficos de los químicos.
      Es imprescindible, porque la información que recopilas en cada artículo no es fácil de encontrar si no estás en el ajo (por mucha órbita Laika que echen los domingos), y la contrainformación pseudocientífica está por todas partes. Por eso me parecen TAN oportunas tus entradas sobre la leche, el azúcar… bueno, todas, la verdad. Y esta de hoy no podía venir a mejor hora.

      Y qué decir de tus entradas sobre el cobalto, es que lloro de amor.

      De verdad, parece que te envían los ángeles (en los que no creo, vaya por delante;). Sigue así, porque hace mucha falta.

      Gracias otra vez,
      Marta

    • Sergio says

      Cada uno tiene sus dioses, el problema es cuando alguien se erige en defensor de esos dioses propios como únicos y pasando por encima de todo. Todos estos argumentos que aquí bien expones se podrían exponer en el coloquio tras la charla (qué mejor lugar que un Ágora del pensamiento como debería ser la universidad). Algunos de ellos de hecho salieron. Quienes enturbiáis la imagen de la universidad y le dais el aspecto de oscuro templo de la Inquisición de la Ciencia sois gente como tú, actuando como “Legionarios de la Ciencia”. Algunos pensamos que hay que tratar de llevar puntos de vista que en la universidad no tienen cabida (aunque no compartas algunos o muchos de ellos) para que se confronten con otros puntos de vista (en mis estudios de ingeniería de montes nadie me habló de como planificar una estrategia de lucha integrada contra plagas, más bien me contaron un recetario de compuestos químicos comerciales presumiblemente muy probados e inocuos, como el glifosato…, y ningún escéptico se escandalizó, pero claro, escepticismo y pensamiento crítico debe ser algo tipo “agua y aceite”). En fin, algún día supongo que se impulsará algún debate sobre filosofía de la ciencia en la universidad, que buena falta hace. Entretanto, para abrir boca, te recomiendo http://dfc-economiahistoria.blogspot.com.es/2014/06/hacia-una-nueva-biologia-i.html

      • Alejandro says

        ¡Claro que sí! Yo quiero ir a la universidad a dar una charla en la que defiendo que la tierra es plana ¡Y los que no quieran escucharme es que son unos retrógados censores!

        La ciencia, a diferencia de la filosofía, no se basa en debatir opiniones y puntos de vista, si no en aportar datos y hechos objetivos que sustenten tus posturas. La ciencia, y la universidad, deben estar abiertas a cualquiera que se acerque a debatir cuestiones con datos en la mano.

        La tecnología gracias a la cual dispones de un PC y conexión a internet para venir aquí a soltar estas sandeces no se desarrollo en una agradable charla de café en la que cada cual explico que opinaba sobre electrónica, si no gracias a gente que fue demostrando como funcionaban las cosas.

        ¿Quieres convencer a la gente de que las ondas electromagnéticas son peligrosas? Haz un estudio serio y demuestralo. ¿Quieres simplemente creer que lo son, pero no encuentras pruebas o no te apetece buscarlas? Pues cree lo que quieras, pero no esperes que el resto asintamos como idiotas ante TUS dioses.

      • JM says

        Pues te enseñaron bien por qué el glifosato es de los herbicidas con menos impacto ambiental y por otra la lucha integrada en Invernadero funciona, pero en montes tienes el problema de soltar nuevas especies en un ecosistema. ¿Tienes estudios que demuestren que esa espevie no puede alterar el ecosistema? ¿Y a largo plazo? Pues entonces apliquemos el principio de precaución y no utilicemos integrada por los riesgos que conlleva.

      • Manuel F Herrador says

        Al margen del nivel de la argumentación (que como ya han señalado otros es bastante débil), Sergio podría haber señalado que es parte interesada en este asunto, porque es uno de los patrocinadores de las jornadas.

        Lo primero que hay que hacer al participar en un debate científico es declarar el conflicto de intereses.

        • Sergio says

          Este comentario lo hago a título particular, ya que dentro de la organización hay personas cuya opinión va mucho más en la línea de los que os autodenomináis escépticos. Además, ¿es que no podemos opinar aquí a título personal quienes hemos vivido en primera persona lo que ha ocurrido, igual que la autora de la entrada y también Manuel? Como he dicho ya, creo que está genial que se argumente por los dos lados (con educación, lo cual en muchos casos no ha sido la tónica de estos debates, sobre todo desde un lado), lo que me parece preocupante es que haya quien se considera con conocimiento suficiente para decidir de qué cosas hay que debatir en la universidad de todos y de qué no.
          Todo es susceptible de crítica y mejora así que, no veo por qué no se pueden aportar alternativas de cualquier cosa y en cualquier lugar. ¡Cuántos argumentos científicos que pasaron por encima de muchas personas por culpa de inquisidores (religiosos y científicos de la época) se han demostrado falaces al cabo de muuucho tiempo! Con más debate constructivo y menos ataques personales se hubieran desmontado o corroborado en mucho menos tiempo y con menos tensiones. Y la universidad es, en mi opinión, El Ágora para hacer eso. Y, como yo digo siempre, si viene un astrólogo a la universidad a contarme como por ser Leo soy más guapo, espero que vaya alguien allí a rebatirle (no a echarle alquitrán y plumas como en el oeste a los tahúres y a quienes vendían remedios milagrosos que al final se demostraban falsos).
          Otra cosa, el control integrado de plagas no tiene nada que ver con soltar bichitos que puedan alterar los equilibrios de la naturaleza (no estoy hablando de control biológico, que por supuesto que puede tener sus problemas y también tiene sus detractores y defensores, el hecho de que haya estos debates para mí es una prueba más de que hace falta hablar de los temas). Los estudios que avalan al glifosato tienen el alcance temporal que tienen (y hemos de reconocer que la empresa que lo comercializa no se puede decir que no tenga poder de lobby, ¿no? ya solo eso debería servir para tener ciertas dudas y tener “cuidadín”, lo cual nadie nos contó en la facultad en aras de un pensamiento más crítico).

          • Max says

            Apoyo la opinion de Sergio de defender el libre debate, y mis respetos a la autora de esta entrada por haber estado ahí “sola” defendiendo y/o preguntando bajo un punto de vista diferente a los seguramente fervientes y concaradehiena-cuandoloscontradices seguidores de la expositora de la charla

    • Bea. says

      Hola Déborah, te saludo de nuevo, (la otra vez fue en Naukas ;), menudo mal rato tuviste que pasar. Yo oí hablar por primera vez de bioconstrucción hace como 10 años, en casa de una tía de una amiga, muy progre ella y muy inestable también, amante del postureo y la conspiranoia. La verdad la primera impresión fue parecida a la tuya, construcción sostenible y eficiente desde el punto de vista energético…pero enseguida me chirrió cuando empezó a explicarme que claro, hay que tener cuidado porque debajo de tu casa puedes tener un cruce de aguas (?), (que claro, una piensa, pues en la humedad), o, atención, un espíritu pegado. Sí, sí, has leído bien, UN ESPÍRITU PEGADO, ahí fue donde tuve que aguantar la risa porque encima mi consorte estaba detrás de ella y en ese momento se doblaba literalmente. Tomas de tierra, abrazar árboles, comida orgánica, feng shui…y también, curiosamente, fumar marihuana (que lo cortés no quita lo valiente, eh). Así que nada, este es el nivel, siento el mal rato pero no te desanimes, por lo menos ahora están ya las alarmas disparadas, o al menos eso creo. Y es que, como dicen por ahí, hay gente que está en el mundo porque tiene que haber de todo. En fin. Un saludo.

      • Max says

        Bueno si abrazar árboles y fumar marihuana son un placer que al parecer desconoces. No sabes de lo que te pierdes hehehe. Enserio, así como acariciar un gato o nadar en el río o en el mar, son ciertas cosas sensitivas que a algunos nos provoca mucho placer.
        Pero como dices tu para gustos colores y sin variedad no habría sorpresas

    • Vivimos en una sociedad en la que Belén Esteban es tendencia. La ciencia está equiparándose a una afición y, por ende, la gente que se acerca a ella, de frikis, al igual que cuando vemos los asistentes al salón del manga o a la feria de los discos de vinilo .
      Hiciste lo que debías y eso te honra. Las mentiras tienen las patas muy cortas.
      Mucho ánimo y sigue así.
      Enhorabuena por tu blog.

      Saludos.

    • JJ says

      Es verdaderamente descorazonador ver como se va imponiendo este pensamiento absurdo, ¿quieren vivir como hace 100 años? ¿pero alguno sabe cómo se vivía entonces? ¿a que edad moría la gente y de qué moría? una esperanza de vida de 50 años menos que ahora y en ese corto periodo hambre (salvo para grupos mas poderosos) , trabajo infantil, fallecimiento por infecciones que ahora dan risa, enfermedades mortales que ahora han desaparecido (como la viruela) .
      Se podrían enumerar cientos o miles de desventajas simplemente en las cuestiones mas básicas, sin entrar en otras cosas que podríamos catalogar como prescindibles, al menos según los criterios de esta gente: no hace falta móvil para hablar con alguien, vas a su casa y listo. No hace falta saber leer y escribir, algún bardo recitará de memoria las tradiciones importantes.
      ¿Para qué queremos herramientas de hierro, ya puestos?, nuestros abuelos de Atapuerca las hacían de piedra. ¿gafas? para lo que hay que ver, da igual. En la mayor parte de los casos nacer y morir en el mismo pueblo, casi sin haber llegado al siguiente, total es casi igual y la gente de allí es rara.
      ¿no estaría bien tener una especie de campamento donde poder dejar a todos estos gurús viviendo en cabañas de ramas, alimentándose de lo que pillaran en el monte y curándose las heridas con barro y hierbajos? Igual así entenderían lo que deben a la ciencia, a la tecnología, a la gente que dedica su vida a estos campos.

    • José Juan T. Zapata says

      Sólo (sigo poniendo esa tilde por pura objeción de conciencia) quería incluirme entre los que te agradecen todo lo que haces y has hecho. En este caso, por aguantar, por intentar remover conciencias en un entorno más difícil de lo que debiera ser el universitario y, sobre todo, por no cejar en el empeño. La ciencia es una cosa y las creencias, otra. Ambas respetables. La pseudociencia, con todo el respeto, no es respetable.
      Gracias, repito, y ¡mucho ánimo!

    • Marisa Castiñeira says

      Valiente Deborah,

      La mayoría de la gente sí cree que la wifi, microondas, móvil, …son perjudiciales para la salud, y son muchos también los que aluden a no se que informes científicos, nunca los enseñan, para decir que esto es cierto.
      Qué bien lo explicas, razones y perjuicios ,.. clara y serenamente, pero sin dejar de ser combativa. En la Universidad, en ningún sitio, debe haber cabida para la charlatanería .
      Utilizaré esto para dárselo a leer a personas que nunca consigo que me entiendan, pero sobre todo para mis clases de instituto, no como “biblia” sino como punto de partida para un pensamiento más crítico con esas “magufadas” que les rodean.
      Gracias !

    • Skyelu says

      Muchas gracias por el post! Yo soy profe de secundaria y esto es muy debatido en clase porque ese miedo que transmitimos los mayores, a ellos, les crea más inseguridades. Pero lo peor, que haya algunos compañeros que se lo crean y se lo transmitan a ellos, desesperación! No te voy a contar con la wifi…hubo hasta un amago de “inquisición” para quitarla del colegio, no digo más!
      De nuevo, muchas gracias y ánimo ya que el alzar la voz con una mayoría ciega siempre es muy solitario pero nunca deja indiferente.

    • Emilio says

      No sabes como lamento que tuvieses que pasar ese mal rato, bochornoso.

      Y a la vez que lo lamento me descubro ante ti por la gallardía que demostraste. ¡Muchas gracias!

      Y finalmente un tirón de oreja para quien organizó el evento por no revisar, cuando menos, el temario e investigar un poco a la “divulgadora”.

      ¡Muchas gracias por todo el trabajo que haces!

    • 4lex says

      Gracias por el trabajo pro-científico, anti-magufo. Hace mucha falta.

      Me permito un apunte feminista: si a Pàmies no le llamamos Josep, ¿por qué llamamos Elisabet a Silvestre? Y no se trata solamente de este texto, es algo bien conocido: en público, las mujeres tienden más tendencia a ser llamadas por sus nombres de pila y los hombres por nuestros apellidos.

    • Pedro* says

      Qué valor. Yo a ese tipo de charlas ya no suelo ir porque me dí cuenta de que generalmente la mayoría de los asistentes no atienden a argumentos racionales ni a datos objetivos: piensan que todo lo que contradiga su creencia es fruto de la ingenuidad de quien carece de sentido crítico o de las mentiras difundidas por oscuros intereses. Me hace gracia que algunas personas duden o nieguen por sistema de todo lo que suene “oficial” o “establecido” y se traguen sin el más mínimo sentido crítico cualquier patraña que suene alternativa o anti-oficial.

      De todas formas tampoco hay que pontificar ni aceptar ciegamente los paradigmas científicos que estén en vigor en un determinado momento. Estoy de acuerdo contigo en que lo que contó esa señora, o al menos los ejemplos que nos has mostrado, no tiene ninguna base y probablemente obedece más a intereses económicos que a un interés científico real ( y lo de descargarse por la noche de los campos electromagnéticos es una chorrada monumental); sin embargo, aún estando de acuerdo contigo en casi todo, creo que en en tu post haces algunas afirmaciones quizá demasiado radicales y un poco simplistas.

      Que un agente físico o químico no sea ionizante y no produzca mutaciones no garantiza que sea totalmente inocuo. Aun no siendo ionizante, no es absurdo en principio pensar que pudiera tener algún efecto sobre la salud. De hecho está demostrado que las radiaciones no ionizantes tienen algunos efectos biológicos más allá del aumento de temperatura, aunque no está demostrado que sean perniciosos a los niveles de exposición habituales. Algunos estudios de laboratorio hechos por gente que parece seria han encontrado incluso efectos sobre el ADN con radiaciones no ionizantes (aunque no sé si han sido confirmados por otros grupos, no soy especialista en el tema pero te puedo buscar algunas referencias si quieres) y es que en biología hay cosas que no son tan simples como se pensaba hasta hace unos años. Un compañero lo explica mejor que yo en este post que te animo a leer (y a participar en los comentarios, si quieres):
      http://desayunoconfotones.org/2014/12/04/ninos-y-telefonos-moviles-aunque-este-post-no-es-un-post/

      Me permito destacar este párrafo (no creo que le importe que lo reproduzca aquí):
      “Hoy sabemos que en el proceso carcinogénico están implicados mecanismos más sutiles que la simple y mecánica mutación. Toda la dinámica celular está mediatizada por el entorno, no se trata de la simple transcripción mecánica de un código genético preestablecido, propio de cada célula. Las células y los tejidos están inmersos en una red compleja de señales bioquímicas que controlan los procesos de proliferación y muerte celular. Se trata de un equilibrio muy sutil en el que cualquier agente podría tener un impacto. Basta recordar el énfasis que se pone en cuestiones relacionadas con la alimentación o los hábitos saludables o el tabaco u otros agentes químicos, ninguno de los cuales tiene capacidad de ionizar los átomos, sin que eso impida que induzcan modificaciones genéticas por mecanismos no siempre conocidos”

      En cuanto a los estudios epidemiológicos, hay algunos (no la mayoría) que sí indican una posible relación entre la exposición a microondas y un pequeño aumento del riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, aunque la correlación puede deberse a sesgos estadísticos diversos, y analizados todos los estudios globalmente parece que no hay más evidencia de que las microondas puedan inducir cáncer de la que hay para el café (que se clasifica en el mismo grupo a efectos de posible riesgo carcinogénico).

      En fin, entiendo que se te sublimara la sangre en aquella charla ante tanta barbaridad, pero no hay que dejar que las emociones nos vuelvan radicales. Como dijo no recuero quién “hay que mantener la cabeza abierta (pero no tanto como para que el cerebro se caiga al suelo)”

    • Angela says

      Hola.

      Me parece muy interesante el debate, a pesar de la prepotencia y los insultos y descalificaciones gratuitos a quienes osan pensar de manera diferente.
      Si se trata de criticar posturas supuestamente ciegas o irracionales, por favor, no parezcáis vosotros “integristas”. Cuando alguien necesita insultar para defender sus argumentos, es posible que estos no sean tan claros y contundentes como quiere hacernos creer.

      Pienso que debemos avanzar a otra forma de construir más respetuosa con el medioambiente y más saludable. Eso es la bioconstrucción, y de eso tratan estas jornadas.

      Elisabet comenzó su ponencia mostrando unas resoluciones del Parlamento Europeo y de la Organización Mundial de la salud, en las que se apoya en buena parte de sus argumentos. Estaremos de acuerdo en que la ciencia avanza, y esto puede llevar en algún momento a que tengamos dos estudios contradictorios sobre un mismo aspecto. Este hecho no invalida la ciencia, ya que todavía no se conoce todo: se sigue avanzando.

      Criticas la fotografía de una persona “conectada a tierra”. En su ponencia, Elisabet también mostró otra imagen de una persona afectada por lipoatrofia semicircular: los síntomas mostrados pueden ser más o menos graves, pero están ahí, son físicos, y se demostró que se daban por una exposición a campos electromagnéticos.

      No creo en teorías conspiranoicas y las cuestiones de fe no van conmigo.
      Pero está claro que la industria defiende sus intereses, principalmente económicos. No se trata de que se pretenda envenenar o hacer enfermar a la gente, pero sí de que la búsqueda del beneficio económico puede estar por encima de la implementación de soluciones más favorables al medioambiente y a la salud.
      Cuando la industria patrocina una investigación científica puede no estar falseando sus datos, pero la decisión de investigar una cosa y no otra va en función de sus propios intereses, nunca en contra.
      Recientemente hemos tenido noticia del caso de Volkswagen. ¿Quería esta empresa hacer daño a sus clientes? Claro que no. Pero para vender sus vehículos hizo una trampa que le permitió saltarse ciertos controles. ¿Lo hizo intencionadamente? Claro que sí.

      Volviendo a la bioconstrucción. En las escuelas de arquitectura o arquitectura técnica no se enseña las ventajas que puede tener utilizar materiales más sanos y económicos, como la tierra, y por ejemplo el cálculo de estructuras se centra básicamente en el hormigón armado y el acero. ¿Por qué no se le da la misma importancia a las estructuras de madera? ¿Por qué no estudiamos muros de carga de tierra? ¿Hay un complot universal que lo impide? Por supuesto que no. Pero parece que nos hemos dejado llevar por una idea de progreso un tanto limitada, dejando de lado formas de construir muy válidas.

      Por último, aclarar que la Universidad no ha patrocinado estas jornadas, simplemente ha cedido el salón de actos de la Escuela de Arquitectura para su celebración.

      Un saludo.

      • Deborah García Bello says

        Hola Ángela

        ¿He insultado y descalificado gratuitamente a Elisabet? No creo que lo haya hecho ni este artículo ni en directo. Estos temas me enfadan y sería fácil caer en el error del insulto, pero no ha sido así. No puedo ni quiero esconder mi enfado: lo que hice en el turno de preguntas, con poco éxito porque yo no era la ponente sino parte del público anónimo, y lo que he hecho en este artículo, es señalar los errores, las equivocaciones de gran parte de sus argumentos y el daño que eso acarrea. Se me acusó en directo de estar manipulada por la industria, vete a saber por qué, si allí nadie me conocía, y en cambio nadie presupone eso con Elisabet, que estaba haciendo propaganda de su empresa en una charla en la universidad. Dices que la industria defiende sus intereses, principalmente económicos, pero la industria sí tiene que pasar unos controles de calidad y no puede poner en el mercado productos inseguros, que antes debe probar su eficacia y seguridad, cosa que Elisabet puso en duda, y eso es muy peligroso. Como en todo, hay errores, pero tratamos de evitarlos gracias al método científico, y no podemos meter a la industria en un saco maligno y malintencionado cada vez que un fraude sale a la palestra. ¿Por qué no metes en el mismo saco los intereses económicos de la empresa de Elisabet?

        Me resultó difícil poder pronunciar más de una frase seguida en el turno de preguntas, todas ellas formuladas desde el respeto y con tranquilidad, mientras se me interrumpía constantemente, mientras Elisabet rebatía con falacias, argumentos de autoridad, y técnicas más propias del márquetin emocional que del debate científico. Así que no consiento que aún por encima se me tache a mí de integrista, porque ni mis actitudes ni los hechos que comenté lo son.

        Los debates en Ciencia existen, pero se fundamentan en estudios científicos, y lo que pensábamos antes ahora puede que ya no sea cierto, precisamente porque la Ciencia avanza, porque es prudente y se reinventa.El método científico no es infalible, pero es lo mejor que tenemos para garantizar nuestra seguridad. No es posible el debate con una persona que no ofrece estudios, sino opiniones sesgadas y artículos de prensa como fuente de información. No debo dudar de radiaciones y sustancias de las que habló Elisabet basándome en sus fuentes porque no son fidedignas, ni tampoco es sus explicaciones porque cayó varias veces en errores científicos de base, e incluso en errores por desconocer cómo funcionan los controles de calidad.Todas estas cuestiones ya las he explicado en el artículo, así que no voy a repetirme.

        Con respecto a la lipoatrofia, no está probado que se cause por campos electromagnéticos, igual que la sensibilidad electromagnética, o la sensibilidad química múltiple. Estas tres dolencias en la actualidad las relacionamos con el efecto nocebo que, por cierto, personas como Elisabet inducen, y después, como hemos visto en su charla, se lucran de ello. Es lo que sabemos ahora. Quizá en el futuro, si seguimos estudiando estas dolencias, consigamos encontrar causas probadas, que bien pueden ser ciertas sustancias, como problemas metabólicos, o a saber. Pero no podemos decir que la causa es algo escogido al azar, que es lo que Elisabet ha hecho.
        Sobre la Bioconstrucción: como ya he dicho en el artículo es algo legítimo y me parece importantísimo. Como química que soy, la ecología es uno de los pilares fundamentales para mí. Por eso me enfada por partida doble esta charla, porque podrían haberse tratado temas relevantes, realmente afines a la bioconstrucción y no esto.

        Un saludo

        • Clara says

          No respondió sobre el caso de Volkswagen que causa desconfianza a los consumidores.

          • Oscar says

            Que existan intereses comerciales y/o económicos es una cosa, que hagan trampas es otra. Los intereses empresariales son legítimos mientras ofrezcan lo que prometen. Lo importante es que los controles de calidad (que usan criterios científicos) sean eficientes en su labor. No es legítimo usar las trampas que puede llevar a cabo cualquier empresa, para desligitimar la ciencia. La marca alemana flaseó datos, prometiendo eficiencias de consumo y niveles de contaminación reducidos, algo que ha resultado ser falso. Los sistemas de control no supieron detectarlo porque precisamente conociendo los métodos de control, la empresa diseñó otros sistemas para saltarselos. Fueron controles más exhaustivos (un “método científico mejorado”) en los que se detectaron las anormalidades y por lo tanto la estafa.
            No confundamos la parte por el todo.

    • Mar says

      Espero que la opiniones sean libres y positivas o negativas se publiquen sin cribar…
      En mi opinión que elija cada individuo que promulga, que piensa o que siente…
      La medicina y la ciencia, tienen limitaciones y siempre por mucho que desarrollemos siempre las tendrán, en mi opinión dato que agradezco, no quisiera vivir en un mundo mas controlado. Un blog es un punto de debate, al igual que una plaza, una habitación y en mayor medida una universidad, donde se fomenta la expansión personal de la razón. Pero la razón es otro límite humano, que a mi ver es la piedra que nos ciega. Una piedra que te arma, para ataque y defensa personal, pero no nos damos cuenta que todo se compone de arenas, formando playas envolviendo mares…. supongo que una reflexión demasiado poética para la ciencia.

    • Aitor says

      Admirable Deborah, la paciencia que has tenido que tener para explicar esto tan bien después de ese episodio.

      ¡Un saludo!

    • Carlos Contreras says

      Muy buen articulo! Lamentablemente este es un problema generalizado, incluso en los paises mas avanzados. Pero que sepas que no estas sola. Yo empezare un blog de ciencia muy pronto. Y por supuesto gastare algo de tinta en las pseudociencias. Cuidate mucho. Un abrazo.

    • Laura says

      ¡Bravo!!! Admiro tu talento y tu forma de expresarte, porque da gusto leerte. Muy buen artículo y muy bien rebatido. Encontré tu blog de casualidad, buscando información, hace pocos meses, y aquí me quedo. Te animo a seguir escribiendo campeona, porque sin duda lo eres. Saludos.

    • Begoña says

      Corrige a un sabio, y lo harás más sabio. Corrige a un necio y lo harás tu enemigo…y como decía Peter Burke: Podemos convertirnos en gigantes de la información, pero también en enanos del conocimiento.

      Me gusta tu blog (serio, científico, contrastado, pero coloquial)

    • elisabet silvestre says

      Hola Deborah,
      Me han hecho llegar tu post y al leerlo me he acordado de tí, en la última fila de la sala. Decirte que cuando acabó la sesión y recogí mis cosas, me fijé si estabas porque quería saludarte y conocer de tu trabajo. Me sorprendió las preguntas que hacías, algunas me parecían que no estaban en relación a mi presentación centrada en el bienestar en relación a los espacios interiores, y si recuerdas, por eso te pregunté si eras arquitecta, porque no me ubicaba en los temas por los que te interesabas.

      Deborah, lamento lo que cuentas, especialmente por cómo te sentiste, lejos de mi intención está herir a nadie, y si así fue, te pido mis más sinceras disculpas.

      Si me permites, y con todo respeto, no entiendo la secuencia de descalificaciones que expresas en el post hacia mi persona, no creo que para aportar una opinión sea necesario faltar de ese modo y desacreditar a nadie. Admito las críticas, y creo que es muy necesario el debate (no la batalla), pero entiendo que es innecesario y gratuito entrar en descalificaciones personales y profesionales, con afirmaciones totalmente inciertas hacia mi persona, o manipular de forma intencionada y tan negativa la imagen de un libro. Respeto tu trabajo, no veo problema en que escribas un post de las jornadas, seguro que no coincidimos en algún enfoque, pero por ello, no entiendo que se entre en ofensas y descalificaciones, y desde estas líneas me gustaría pedirte que pudieras enmendar las vertidas hacía mí.

      Cuando leo en tu post que hacías “preguntas intencionadas” puedo entender mejor hacia donde se condujo el turno de preguntas. Como la charla está grabada y publicas el enlace en tu post, se puede escuchar para corroborar que mi línea de exposición es la de crear espacios interiores que promuevan el bienestar y el confort, que en ningún momento hablo de miedos, ni vivo de miedos, bien al contrario siempre repito en las charlas (varias veces como se puede escuchar) que no hay que alarmar, ni asustar, más bien todo los contrario. Se trata de implementar prácticas en construcción, arquitectura y decoración de interiores que ayuden a vivir y trabajar en espacios con una calidad ambiental más favorable para todos. No entiendo qué hay de falsedad o de pseudociencia en implementar una correcta toma de tierra, evitar problemas con la electrostática, apostar por materiales de baja emisividad de COVt (compuestos orgánicos volátiles totales) o utilizar un cable eléctrico apantallado, si ello consigue evitar algunos síntomas adversos en los usuarios habituales del espacio (trabajando con materiales de construcción debidamente comercializados y que cumplen las normativas).

      En mi presentación, a pie de imagen, se podía leer la fuente, y supongo que estaremos todos de acuerdo que las publicaciones de la Organización Mundial de la Salud -OMS-, el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, o los papers que han pasado un proceso de revisión y publicados en revistas científicas son fuentes suficientemente serias. Me gustaría aportar algunos links para que puedas leer su información porque en la grabación de la conferencia no siempre se pueden visualizar las imágenes y ver estos links para consultarlos.

      En lo referente a las sustancias químicas, realmente en la charla hice hincapié en conocer los sellos y etiquetas de los materiales de construcción para elegir los de baja emisividad de COV, no entré en describir con detalle efectos de formaldehido, tolueno, plastificantes, metales pesados, etc…. aunque los cité al presentar la nueva etiqueta francesa,… y todo ello sin alarmar, ni dar miedo,… más bien para explicar que se avanza, que estos sellos se han ideado para informar y orientar sobre la composición de los materiales, que hay empresas que así los están introduciendo y eso es una buena noticia.

      http://www.developpement-durable.gouv.fr/Chapitre-I-Mode-d-emploi-de-l.html

      Deborah, cuando dices que “Por culpa de la influencia sobre la opinión pública que ejercen personas como Elisabet, que utilizan todas las argucias posibles para conectar emocionalmente con el público, alegando la supuesta lógica del principio de precaución, hablando de grupos de riesgo como «niñitos» y personas enfermas,…”, decir que me duele especialmente, no por lo que dices de mí, sino por como tratas a posibles afectados de síntomas y enfermedades ambientales. Son una realidad que no me la invento yo, no actúo con argucias ni tengo esa influencia que alegas, ni me paga ninguna empresa.
      Como comenté en la charla, se puede consultar la publicación de Cuadernos de Buenas Praxis nº30 publicado por el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona: “El medio ambiente y la salud” (2013) donde podéis leer su contenido e información sobre sustancia químicas y campos electromagnéticos:
      http://issuu.com/comb/docs/praxi30_cast_e93e1566691c9c

      El optar por unas propuestas que ayuden a conseguir un ambiente interior más “amable” para personas más sensibles, está descrito también en la resolución 1815 de 2011 de la asamblea parlamentaria europea, está en la línea del plan de salud y medioambiente 2007-2010, y la misma OMS anima a practicar el ALARA. No digo nada nuevo. Simplemente, dado que mi labor está en relación con personas que refieren síntomas adversos de salud, otras ya con sensibilidades ambientales diagnosticadas por un facultativo médico, he tenido que documentarme en esta línea, que como puedes leer en todos los documentos que te aporto, ya se conoce. Y en la Resolución 1815 de 2011 de la Asamblea de Europa que también cité, y si leéis el apartado 8, hace referencia a cómo planificar y diseñar en nuevas construcciones:

      http://assembly.coe.int/nw/xml/XRef/Xref-XML2HTML-en.asp?fileid=17994&lang=en

      En este sentido, comentar que el Colegio de Biólogos de Galicia emitió una nota al respecto:
      http://www.apdr.info/electrocontaminacion/Documentos/Chamamentos/COBGA_2012.pdf

      De hecho, expuse las líneas de actuación del Plan de Salud y Medio Ambiente 2007-2010 donde explican mejor que yo todo esto que alegas que son falacias.

      También respecto a determinadas sustancias químicas se puede consultar las fuentes de la OMS donde explica el impacto en la población infantil especialmente:
      http://www.higieneambiental.com/productos-biocidas-y-equipos/disruptores-endocrinos-informe-oms

      Comenté que hay debate abierto entre los científicos (aunque este no era el motivo de mi charla) y aquí te adjunto unos links a SESPAS -Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria- (un organismo reconocido, formado por profesionales y científicos) donde en comunicado de prensa de hace un par de días, en fecha 1/10/2015 dice:
      “SESPAS considera muy relevante que cada vez haya más sociedades médicas involucradas en la prevención de la exposición humana a productos químicos tóxicos, en particular a disruptores endocrinos, y reitera su petición a las autoridades españolas y europeas de que adopten medidas urgentes para reducir la exposición de la población a estas sustancias”
      http://www.sespas.es/prensa.php

      Otro organismo que se suma al debate en estas fechas es FIGO “ que representa a ginecólogos y obstetras de 125 países, ha publicado hoy en la Revista Internacional de Ginecología y Obstetricia un comunicado especial en el que advierte que la exposición a sustancias tóxicas durante el embarazo y la lactancia es ubicua y supone una amenaza para la reproducción humana y la salud”

      Este es el link al comunicado de SESPAS a propósito de la noticia:
      http://www.sespas.es/adminweb/uploads/docs/NdP%20SESPAS%20FIGO.pdf
      Este es el link al paper del International Journal of Gynecology and Obstetrics:
      http://www.ijgo.org/article/S0020-7292(15)00590-1/pdf

      Solo son ejemplos de que hay documentación aportada por fuentes serias que hacen su labor de prevención en salud pública.

      Insisto que en mi exposición repito varias veces que no hay que alarmar, y también que hay que prestar atención a espacios de máxima permanencia, los que pasamos prácticamente toda la jornada, y apostar para que la CAI sea favorable. El mensaje es claro: se puede diseñar, construir y rehabilitar edificios aplicando materiales más sostenibles y también más saludables, teniendo todas las prestaciones tecnológicas, consiguiendo una calidad del ambiente interior lo más favorable que técnicamente sea posible. !! Ese es mi mensaje !!!

      Expliqué en varias ocasiones que hay que seguir investigando para conocer mejor, causas, sinergias, efecto cóctel, dosis bajas crónicas, exposoma, efectos a largo plazo,…. queda mucho camino por recorrer,… por lo que la continua investigación y el debate constructivo, son imprescindibles… pero con la evidencia que se tiene, ya se puede empezar a implementar algunas soluciones constructivas, cámaras de ventilación para evitar problemas con radón, instalaciones eléctricas apantalladas para evitar un campo eléctrico, derivaciones a tierra efectivas, distancias de seguridad a una fuente de campo electromagnético,… , ¿dónde está el problema? ¿A quién infunde miedo? ¿contra quién se atenta?

      Aclarar que no “venía a hablar del libro Vivir sin tóxicos” (este es un trabajo recopilatorio en el que procuré sintetizar algunas opciones de mejora de los ambientes interiores que he ido aprendiendo de la experiencia con médicos y personas con las denominadas enfermedades ambientales y que sí precisan de un “control ambiental” muy estricto) (adjunto el link al Documento de Consenso de la SQM –Ministerio de Sanidad,Política Social e Igualdad del Gobierno de España 2011,y donde ya introduce referencia a dosis bajas en página 25): http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/SQM_documento_de_consenso_30nov2011.pdf

      Sí venía a hablar de Saúde en relación a la arquitectura. Como he empezado diciendo, lamento que salieras tan afectada y con el ánimo tocado de la conferencia, todo y así, no comprendo ni la virulencia, ni la desproporción destructiva de los ataques vertidos contra mi persona en tu blog.

      Me gustaría añadir que un foro como la universidad debería ser abierto, plural, multidisciplinar, donde se pudiera debatir, conocer todas las líneas, apoyar el conocimiento y la investigación, con rigor, sin exclusión. Espero que el resto de charlas de las jornadas que se están llevando a cabo te resulten más interesantes, y que después de leer las fuentes en que se basa mi presentación, puedas redefinir tu post, especialmente eliminando los ataques innecesarios.

      Entiendo que sigas considerando que no está fundamentado el implementar materiales con baja emisividad de compuestos orgánicos volátiles, tomas de tierra, trabajar con instalaciones eléctricas eficientes, aplicar distancias de seguridad a fuentes de CEM, minimizar la exposición a determinados factores de riesgo que aun carecen de suficiente consenso científico, que estés convencida de que las sustancias que actúan como disruptores endrocrinos o los CEM son inocuos para la salud, que consideres que no hay que aplicar el principio de precaución especialmente en grupos de población más sensibles, que no ves fundamentado considerarlos en construcción espacios, … no hay ningún problema,… pero incluso así, esperaría que todo ello pudieras explicarlo sin injurias y siempre con respeto, al menos, con el mismo respeto que creo haber tenido contigo en este escrito a pesar de todo este despropósito de descalificaciones, que como puedes entender no me son indiferentes. Quedo a tu disposición, me gustaría hablar contigo. Abrazo y gracias por leerlo.

      (Deborah, al colgar mi comentario, leo más comentarios de desprecio, no se si esta en la línea habitual del blog porque no te seguía, pero entiendo que si va de ciencia, habría que dar argumentos de ciencia, no descalificar a personas, aprenderíamos todos, yo la primera, muchísimo más. Gracias!)

      • Manuel F Herrador says

        Esta Elisabet Silvestre que comenta, revestida de una pátina de racionalidad y con posturas tan dulcificadas, no debe de ser la misma que dio la conferencia, ni la que escribió «Vivir sin tóxicos». Por si alguien no me cree, ESTA es Elisabet Silvestre. La que dice que no es alarmista, y solo propone cosas para mejorar la vida de las personas:
        http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-entrevista-elisabet-silvestre-vivir-sin-toxicos/2508753/
        http://www.habitatsaludable.info/images/la_contra.pdf
        http://www.elcorreodelsol.com/articulo/elisabet-silvestre-nos-explica-como-vivir-sin-toxicos-y-ganar-salud

        Ah, y no me resisto a comentar. El famoso «documento de consenso» de la SQM dice de forma bastante clara que la evidencia es que la reacción de los pacientes se debe a las CREENCIAS O EXPECTATIVAS previas a la exposición. Cuando aparezca un estudio doble ciego en el que un enfermo de «SQM» responda a un estímulo sin saber que el estímulo se produce, empezamos a hablar. Van 50 años, y de momento nadie lo ha conseguido. Lo que no impida que charlatanes y buhoneros sigan lucrándose a costa de personas que, claramente, están sufriendo.
        Página 14:
        «En cuanto a las revisiones sobre SQM analizadas, cuatro de ellas fueron revisiones narrativas y dos, revisiones sistemáticas de la literatura. En una de estas últimas se dice que cuando el enmascaramiento se realiza de forma correcta, los pacientes con SQM no son capaces de diferenciar entre estímulos verdaderos y placebo, por lo que consideran que el patrón de reacción de estos pacientes podría deberse a las creencias o expectativas previas a la exposición.»

      • Deborah García Bello says

        Hola Elisabet,
        Lo primero que quiero decirte es que no te he faltado al respeto a ti como persona, sino que he argumentado por qué tus argumentos son falaces y los he criticado con dureza porque son peligrosos. Si te sientes personalmente ofendida, esa no era mi intención, así que no deberías interpretarlo como tal.

        En el comentario que escribiste parece que repentinamente has moderado tus posturas, quizá te has dado cuenta, tras los comentarios mayoritarios del público de las jornadas del tipo “deberíamos vivir en cuevas”, “la industria nos miente y nos envenena”, “las farmacéuticas inducen enfermedades”, “lo mejor para la agricultura sería volver al pasado”, y un largo etcétera, te has replanteado tu postura y efectivamente has llegado a la conclusión de que con tus argumentos asustas, creas alarma social, provocas que la gente viva con miedo en sus casas, con miedo a lo que compra, que los alimentos y los cosméticos están llenos de tóxicos que nos van dañando poco a poco. Ni siquiera estoy segura de qué es lo que crees tú, si realmente te aprovechas de ese nicho de mercado o tú también formas parte de él. Sea como sea, tu argumentario induce miedo.

        No deberías afirmar que la radiación no ionizante causa lipoatrofia, porque no lo sabemos. Hay que seguir estudiando esta dolencia, pero no podemos afirmar categóricamente cuál es su causa porque no hemos dado con ella. Plantear una solución y causa aleatoria es todo lo contrario al método científico. De hecho se barajan desencadenantes de diferente naturaleza: desde microtraumas posturales a electricidad estática. Aquí tienes el paper publicado por Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology en el que habla de diversas posibilidades: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1468-3083.2005.01092.x/abstract;jsessionid=ED6B0413A41FE3D801F449E3B58AF101.f02t01

        Algo similar sucede con la hipersensibilidad electromagnética. Ni siquiera la OMS la reconoce. No niego los síntomas que se atribuyen a esta dolencia porque hay gente que las sufre realmente y sé que lo pasa mal. Pero de nuevo la solución no es aleatoria, sino que hay que seguir investigando en las diferentes causas que crean esa serie de síntomas y no plantear soluciones aleatorias. De hecho la OMS es muy clara con respecto al efecto nocebo, es decir, al efecto que tienen las creencias en los males del electromagnetismo sobre la aparición de síntomas reales. A esto me refiero cuando digo que creas alarma social, a que asegurar que existe correlación es inducir miedo y avivar reacciones psicosomáticas. Y cito a la OMS:
        Existen indicaciones de que es más probable que los síntomas de la Hipersensibilidad electromagnética se deban a afecciones psiquiátricas preexistentes o reacciones de estrés resultado de la preocupación por la creencia en efectos de los campos electromagnéticos sobre la salud que la propia exposición a campos electromagnéticos.
        Imagino que los conoces, pero para quien quiera profundizar en esta dolencia, enlazo los estudios publicados por la OMS:
        http://www.who.int/peh-emf/publications/reports/EHS_Proceedings_June2006.pdf

        La otra parte de tu charla y en la que profundizamos en la ronda de preguntas porque es lo que toca más de cerca mi campo son “los químicos”. Tu línea argumental es la misma: alarmar sin pruebas. Hablaste de cancerígenos y disruptores endocrinos que la industria utiliza a sabiendas. Esto no es así y hasta me atrevo a decir que eres consciente de que no es así. En tu comentario no discutes ninguno de los argumentos que he expuesto en el artículo sobre el uso de parabenos y plastificantes. No lo haces porque no los tienes, porque no los hay. Sí se estudia el “efecto cóctel” del que hablas, pues hay sustancias que no se pueden mezclar en formulaciones, y de hacerlo o no llegan al mercado o son retiradas inmediatamente; también se estudia el efecto acumulativo, es uno de los parámetros que se tienen en cuenta, y como bióloga lo sabes.
        En este comentario te has centrado en el etiquetado, que es un avance que aplaudo, y con el que obviamente estoy de acuerdo contigo. Pero eso no es lo que ocurrió en las jornadas, donde alertaste del uso indiscriminado de volátiles y metales pesados, cuando precisamente en la actualidad utilizamos aglutinantes, pigmentos y barnices más seguros que nunca, para la salud y para el medio ambiente. Sugerir lo contrario es, de nuevo, crear alarma social.

        En las jornadas también hablaste de la sensibilidad química múltiple (SQM), y pusiste nombre a los “químicos” que según tu criterio están relacionados con esta dolencia, como conservantes, fitosanitarios y aditivos en general. Y digo “a tu criterio” porque no lo sabemos, no sabemos qué produce estos síntomas ni qué peso tiene el efecto nocebo. La OMS no contempla la SQM como enfermedad y tampoco la Asociación Médica Estadounidense (AMA), la Academia Americana de Alergias e Inmunología, el Colegio Americano de Medicina y la Sociedad Internacional Reguladora de Toxicología y Farmacología. Se barajan hipótesis múltiples todavía sobre las que seguimos investigando, desde neurológicas, a alérgicas, a génicas. No lo sabemos todavía, así que poner nombre y apellidos a los causantes de esta dolencia es contraproducente y crea alarma.
        No deberías asegurar, como haces, incluso en prensa escrita, que “no ponga nunca los alimentos o bebidas calientes en recipientes de plástico porque los plásticos no son estables, se convierten en disruptores hormonales causando infertilidad y cáncer” ¿Eso no es alarmar? O peor aún ¿eso no es mentir? Sabes que no existe ningún problema con los plásticos que usamos para calentar comida, del que están fabricados los tuppers, que son de PP.
        Dices “no ponga en contacto alimentos con parabenos”. ¿Cómo iba a hacer eso? Ni queriendo podría, a no ser que me coma mi crema hidratante que, por cierto, jamás contendrá parabenos inseguros, por ley.
        Aquí se puede leer el artículo en el que figuran estas y otras ocurrencias: http://www.habitatsaludable.info/images/la_contra.pdf
        Dices “nuestro mayor poder contra la mala política es el voto y contra los tóxicos es no comprar”. Y recomiendas que no se compren productos con “acetona, ácido fosfórico, fosfatos”, etc ¿Sabías que esas sustancias las encontramos en las frutas de forma natural? Sí, lo sabes, y aun así las citas porque también sabes que el consumidor medio no las conoce. El resultado: alarma social, o tal y como te dije en la ronda de preguntas: depositas la responsabilidad en el consumidor, asumiendo que la industria utiliza compuestos poco recomendables y a sabiendas.
        Como ves, continúo rechazando tus argumentos y explicando por qué son falaces, inducen miedo y cosas peores, como avivar el efecto nocebo de muchas dolencias. No te critico a ti personalmente porque no tengo ningún interés en ello. Mi interés aquí es defender el método científico, porque es lo mejor que tenemos para garantizar nuestra seguridad, defender el derecho a la información fidedigna, al conocimiento, defender a la Ciencia de las pseudociencias, defender a la sociedad del miedo del que otras personas hacen negocio.

        La bioconstrucción, repito, es algo legítimo y que apoyo. Como química que soy, la ecología es uno de mis pilares, así que no digas que no me preocupo por ello, que no exijo que se siga trabajando en esta línea, porque mi trabajo se fundamenta en ello.

        De nuevo he explicado por qué tus argumentos son falaces y por qué son peligrosos. No te he insultado a ti personalmente.
        Por otro lado me alegra que en este comentario hayas moderado tu postura, al menos en comparación a lo que tienes publicado. Te animo a seguir en esta línea más moderada y prudente, más afín a la Ciencia.

        Gracias por tu tiempo.

    • Angela says

      Muchísimas gracias Elisabet por la valentía de responder a este debate con los ánimos tan caldeados, y por la valiosa lección que nos has dado, llena de referencias a estudios y comunicados científicos.

    • LF says

      Como é sabido, o avance científico non segue unha progresión linear, constante, con novos descubrimentos que van ensanchando os límites do saber. En numerosas ocasións ao longo da historia científica apareceron resultados de novos descubrimentos que refutaron o que ata entón era tomado como o consenso científico.
      Por iso me sorprende a cerrazón demostrada pola autora desta blogue e parte das persoas que o seguen. Neste momento existen evidencias contraditorias, que soamente novas investigacións terminarán por aclarar correctamente.
      Isto non e tan simple como posicionarse dun bando ou doutro. Hai que informarse ben e non cerrarse en banda.

      • Deborah García Bello says

        Ola Laura,
        estamos completamente dacordo, polo que non entendo por qué dis que a miña postura é de cerrazón, pois o que fago e dar argumentos do que sabemos ata o de agora. O que non ten sentido, e que critico neste artigo é precisamente o contrario, posicionarse sen ter información veraz, culpar tipos de radiacións e sustancias de forma completamente aleatoria non só é imprudente senón que é perigoso. ¿Sabías que según a OMS as doenzas como a Sensibilidade química múltiple ou a Hipersensibilidade electromagnética, teñen un peso psicosomático moi forte, que son consideradas enfermidades nocebo? Con isto quero dicir que é moi perigoso alarmar, expor que existe un perigo, porque induces a persoas a que se obsesionen, vivan con medo, e isto repercute na saúde (efecto nocebo).
        Hai que seguir investigando sobre as causas do malestar dos doentes, hai que seguir avanzando no uso sostible de materiais, no uso responsábel e saudábel dos recursos, rexirnos polo principio da ecoloxía, pero non crear alarma social cando precisamente agora temos máis controis de calidade que nunca, e debemos seguir así.
        A poñente destas xornadas falou de sustancias que están reguladas, que son seguras, ¿por qué dubidar desas e non doutras calesquera? Ahí está a cerrazón.
        Tes razón cando afirmas que ao longo da historia moitas cousas que creíamos por consenso científico foron refutadas. Iso é o marabilloso da Ciencia, que avanza e se corrixe. É o que eu estou a defender, que o método científico baséase nisto, en facer probas periódicas para garantir a nosa seguridade. Non e infalible pero é o mellor que temos. Por iso non podemos saltarnos o método científico e especular sen máis. Se vamos a tomar unha sustancia ou radiación por boa, hai que tratar de demostralo, e cando o fagamos, sabemos que non é algo definitivo.
        A proba que podemos ofrecer de que hai que seguir na liña do método ientífico, seguir investigando sempre, tamén a da a historia: temos maior esperanza de vida que nunca, e iso sería insostible se volvemos atrás, se tememos todo o que non entendemos e por “principio de precaución” non usamos móviles, wifi ou conservantes, cando hoxe sabemos que precisamente esas cousas garanten a nosa calidade de vida.
        Se a poñente falase de tóxicos que sabemos que son tóxicos, de radicións que sabemos que son malas para a saúde, perfecto, pero o que fixo en gran parte da charla foi alarmar sobre perigos inexistentes. Iso provoca que a xente desconfíe dos alimentos, dos fármacos, da mediciña, da agricultura, da tecnoloxía… É moi perigoso facer iso. O que fixen eu neste artigo foi explicar por qué non ten razón e por qué é tan perigoso que promulgue ese tipo de cousas.
        O meu bando non é a cerrazón científica, nin moito menos, e se seguises o meu traballo non pensarías iso. De feito a Ciencia, por definición, é o contrario á cerrazón. Hai persoas da Ciencia que non o saben e que non entenden nin queren ver as limitacións da Ciencia e do método científico. Non é o meu caso, asegúrocho. Son moi consciente de que a Ciencia é un arma poderosa, pero non o pode todo, nin o pretende.
        Un saúdo.

    • Marcos says
    • Oscar says

      Deborah, simplemente gracias por tu labor. He leído varios de tus artículos y debo decir que eres el tipo de personas que hacen que siga “confiando” en nuestra especie :P. Cuando las fuerzas decaigan, vista al frente y otro pasito hacia delante! Enhorabuena por el blog.

      • Deborah García Bello says

        Muchas gracias Óscar 😉

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