Twitter Facebook Flickr YouTube

Ángela de la Cruz: «Mi cuerpo se quedó deshinchado como un cuadro sin bastidor»

Ángela de la Cruz (A Coruña, 1965) emprendió su andadura como artista en Londres, en los años 90, arrancando el bastidor de uno de sus cuadros. Tradicionalmente se pinta sobre un lienzo de tela tensado y sujeto por un bastidor de madera. Si se desmonta el bastidor, el cuadro se convierte en un objeto tridimensional, a caballo entre la pintura y la escultura. La frontera está en el soporte.

El primer cuadro que Ángela rompió fue Homeless (Sin techo), en 1996, como respuesta a una fractura emocional, la muerte de su padre. «Siempre he percibido el bastidor como una extensión del cuerpo», explica.1

Después de haber estudiado Filosofía en Santiago de Compostela, Ángela de la Cruz se mudó a Londres, en contra de los deseos de su familia. Allí estudió arte en la Universidad de Arte de Chelsea y en el Goldsmiths College. Completó su formación en Escultura y Teoría Crítica en la Slade School of Art de la University College de Londres. En la actualidad es una de las artistas contemporáneas españolas que goza de mayor prestigio y reconocimiento internacional.

Ángela de la Cruz. Larger than life, 2004. Foto: Lisson Gallery

En 2005, en un momento clave de su carrera como artista, y embarazada de su hija, Ángela sufrió un derrame cerebral que la mantuvo en coma durante meses. Su hija nació por cesárea en ese periodo. Estuvo meses en el hospital, tratando de recuperarse. Hoy en día las secuelas permanecen. Su expresión oral y su movilidad se vieron golpeadas. Necesita una silla de ruedas para moverse y en su estudio cuenta con un equipo de 6 asistentes, también artistas, que ejecutan las obras que ella concibe y que ya no puede crear con sus propias manos. «Nunca pensé que no podría volver a trabajar en esto. Si no hago arte, ¿qué puedo hacer?», reconoce.

Volvió a trabajar en julio de 2009. «Tengo en el estudio a escultores y a pintores. Escogí a artistas porque conocen los materiales. Es muy importante para mí que la gente que trabaja conmigo sea buena y profesional, que esté comprometida con la creación». La mayoría de sus asistentes han sido estudiantes del College of Arts de Londres que en paralelo desarrollaban su profesión de artistas. «En el estudio, sentada en mi silla de ruedas, soy como una directora de cine».

Carolina Grau, comisaria de Ángela de la Cruz, cuenta que una de las veces que fue a visitarla al hospital, esta le dijo:

Ya sé la obra que voy a hacer en cuanto salga de aquí.

—Ah, ¿sí?— Miré a mi alrededor. Un hospital de una gran ciudad está lleno de cosas. Allí suceden miles de cosas. La inspiración está ahí.

Aquella obra fue Deflated (deshinchado), en 2009. Deflated es un monocromo blanco. Es un lienzo pintado con una pintura ideada por la artista, hecha a base de óleo y acrílico, dos pinturas en principio inmiscibles que consiguió mezclar haciendo una emulsión. Esa pintura es tan elástica que permite separar el lienzo del bastidor sin agrietarse, y mantiene el brillo tras el secado, como si estuviese húmeda. «Da la impresión de estar húmedo, recién hecho. De algún modo tiene algo muy sexual», explica.

Ángela de la Cruz. Deflated IV (White), 2009. Óleo y acrílico sobre lienzo.

Deflated es como una bata blanca colgada de la pared. Es el recuerdo de que ahí ha habido un cuerpo. Puede interpretarse como una bata colgada después de un día de trabajo. Al día siguiente alguien volverá a ponérsela y la bata recuperará su función y su forma de cuerpo. Es toda una declaración de intenciones.

«Me gusta que un cuadro sea perfecto antes de manipularlo y que siempre pueda volver a su estado de cuadro perfecto». Sus obras sugieren la intención de volver a ser.

Ángela de la Cruz. Standing up Box Large with Small Box (Orange), 2015. Foto: Daniel Mera

Gran parte de las obras de Ángela son antropometrías, toman como vara de medir las dimensiones de su propio cuerpo. Antes de Deflated y antes del accidente, eran característicos sus grandes lienzos truncados ocupando puertas y habitaciones enteras, lienzos que cubrían armarios con sus dimensiones corpóreas, todavía erguidos o tumbados como féretros. En la actualidad sus obras han mermado. Son como cajas de colores magulladas, comprimidas, deshinchadas como su nuevo cuerpo.

Antes primaban los colores sucios y escatológicos, como los ocres y los marrones. Deflated fue su primer cuadro blanco. Un cuadro blanco que funcionó como el principio de una metamorfosis. Como un lienzo en blanco que mantenía su esencia y que estaba listo para vivir y mancharse de color. Tras Deflated, la obra de Ángela se tiñó de colores vívidos y modernos: amarillos, naranjas, azules, rosas. Sus nuevas obras comprimidas sugieren una explosión.

La obra de Ángela nos recuerda que lo que hemos vivido nos convierte en lo que somos. Nos dice que vivir no consiste en mantenerse intacto, que no es algo estático y permanente, como un lienzo tenso e impoluto. Que las vivencias magullan, deforman y colorean. Que a veces dejan sin bastidor. Sus cuadros deshinchados, combados y con la pintura fresca son la celebración de una vida que está siendo vivida y que en su transcurrir dejará colores y cicatrices.

Desde su silla de directora de cine, Ángela toma las riendas. El cuerpo es la unidad de medida. Igual que con Deflated, su obra es una declaración de intenciones vital, atesora el recuerdo de lo que ha sido y muestra la voluntad de lo que será.

 

[1] Las declaraciones de Ángela de la Cruz han sido extraídas del monográfico Metrópolis de RTVE.

Este artículo fue publicado originalmente en el cultural “El Observador de la Belleza” de L’Oréal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *