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Salvemos los corales

Fotografía de Greg Lecoeur para National Geografic

Durante su viaje en el Beagle, Darwin describió los arrecifes de coral como un oasis en el desierto del océano. Reflexionó sobre la paradoja de que los arrecifes de coral, que están entre los ecosistemas más ricos y biodiversos de la tierra, florecen a pesar de encontrarse rodeados por aguas oceánicas tropicales que apenas proporcionan nutrientes.

Los corales no son plantas. Tampoco son rocas. Los corales son animales; concretamente una agrupación de varios seres vivos que establecen entre sí una relación cooperativa, lo que en biología se conoce como «simbiosis».

Aunque hay varios tipos de corales, el animal más conocido como «coral» se trata de un pólipo perteneciente al filo Cnidaria. Tiene la capacidad de fijar sobre sus tejidos el carbonato de calcio disuelto en el mar y así formar las estructuras rígidas características de los «arrecifes de coral». Podríamos decir que los pólipos coralinos se encargan de captar el carbonato cálcico disuelto en el mar y con él construyen su propio refugio de piedra.

La estructura calcárea del coral es blanca. Los diferentes colores que presentan se deben a unas microalgas que viven en simbiosis con la mayoría de los pólipos coralinos y que reciben el nombre de zooxantelas.

Las algas zooxantelas realizan la fotosíntesis, es decir, producen oxígeno y azúcares a partir de radiación solar y dióxido de carbono. Así que las algas proporcionan el alimento a los pólipos. El resto de nutrientes lo obtienen del plancton. Por esta razón el coral necesita aguas transparentes para desarrollarse, para que las zooxantelas puedan realizar la fotosíntesis. Las algas zooxantelas pueden proporcionar hasta el 90 % de las necesidades energéticas de los corales.​ A cambio, como un ejemplo de mutualismo, los corales dan protección a las zooxantelas y les proporcionan el suministro constante de dióxido de carbono que necesitan para la fotosíntesis.

Los arrecifes de coral ocupan el 0,1% de la superficie de los océanos, conformando el hábitat del 25 % de las especies marinas, incluyendo peces, esponjas, crustáceos, moluscos, estrellas de mar, erizos, tortugas marinas… incluso aves. Por ejemplo, el atolón de Midway en Hawái sustenta casi tres millones de aves marinas de 17 especies diferentes.

Los arrecifes de coral también cumplen la función de proteger a las poblaciones costeras de las olas de alto impacto, reduciendo más de un 84% su altura y energía.

Los pigmentos de las zooxantelas hacen que los corales adquieran colores dorados. Los pigmentos rojos, azules o verdes provienen de las proteínas coloreadas que producen los pólipos. Cuando los corales palidecen es indicativo de que están perdiendo las zooxantelas. Este fenómeno se denomina «blanqueo». Sin las algas se rompe el equilibrio simbiótico del coral, con lo que todas las especies que allí habitan, incluidos los pólipos, acaban muriendo. Cuando esto sucede, el coral queda reducido a un esqueleto blanco sin vida. Resulta simbólico que cuando el coral se muere, lo único que permanece es su refugio, como una suerte de lápida de piedra de carbonato de calcio.

Colonia de Tubastraea micranthus parcialmente afectada por blanqueo

Los arrecifes de coral se están muriendo. ​ Los ecosistemas coralinos se ven a amenazados por la extracción, la escorrentía agrícola, la contaminación, la sobrepesca, la enfermedad, la excavación de canales de acceso a islas y bahías… Aunque la principal amenaza es el cambio climático: el aumento de la temperatura del mar, la subida del nivel del mar, y el cambio del pH debido a la acidificación de los océanos, todos asociados con las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los efectos del evento climático El Niño causaron la muerte del 16 % de los arrecifes coralinos como consecuencia del aumento de la temperatura del agua. En la provincia de Aceh, en Indonesia se registró una tasa de mortalidad del 80 % de los corales por blanqueamiento.

Desde el punto de vista científico todavía no entendemos completamente el impacto a largo plazo del blanqueo de corales, pero sí sabemos que los hace vulnerables a enfermedades, detiene su crecimiento y afecta a su reproducción. Cuando el blanqueo es severo implica una muerte masiva de corales. En ese punto se consideran irrecuperables.

Las estimaciones globales sugieren que aproximadamente el 10 % de los arrecifes de coral ya están muertos y que alrededor del 60 % del total de arrecifes de coral está en riesgo. La situación es particularmente preocupante para los arrecifes del sudeste asiático, donde el 80 % de los arrecifes se consideran en peligro de extinción.

La declaración de la zona arrecifal como reserva de la biosfera o área protegida puede contribuir a la protección de los arrecifes de coral, ya que se ha demostrado que el mal llamado «ecoturismo» ha contribuido a la destrucción de los corales. Por ejemplo, el arrecife de barrera de Belice, el archipiélago de Chagos, Sian Ka’an, las islas Galápagos, la Gran Barrera de Coral, la isla Henderson, Palau y Papahānaumokuākea ya han sido declarados patrimonio de la Humanidad.

Otro de los factores que se ha estudiado como posible amenaza para los arrecifes de coral son los filtros solares de los cosméticos que acaban disueltos en el mar. La evidencia científica de esta correlación es muy limitada. Se han encontrado ciertos indicios que señalan a dos compuestos: la oxibenzona y el octilmetoxicinamato. Ambos son filtros ultravioleta cuyo uso está autorizado desde el punto de vista sanitario. De todos modos, el impacto real de estos compuestos sobre los corales ha sido muy cuestionado por la comunidad científica. Principalmente porque las condiciones experimentales del laboratorio no son comparables a las reales. Se utilizaron concentraciones de estos compuestos diez mil veces mayores (10 mg/l) que la concentración más alta reportada en el agua de mar por la literatura científica, que se corresponde a una playa muy concurrida de Noruega (1 µg/l).

Pese a la endeble evidencia científica, en 2018 Hawai se convirtió en el primer estado de EEUU en prohibir el uso de protectores solares con oxibenzona. No obstante, no hay ningún estudio científico (ni siquiera anterior a la prohibición) en el que se haya detectado este compuesto en las agua de Hawai. La medida se tomó por «principio de precaución» a pesar de no contar con respaldo científico.

Los filtros solares que están bajo sospecha, la oxibenzona y el octilmetoxicinamato, siguen siendo ingredientes cosméticos de curso legal, pero actualmente ya quedan pocos laboratorios que los incluyan en sus fórmulas. De hecho, algunos laboratorios cosméticos incluyen sellos en sus productos para indicar que son respetuosos con el medio marino por el simple hecho de no contener estos compuestos en su formulación.

En los laboratorios La Roche Posay, pertenecientes al grupo L´Oréal, hemos ido más allá. En colaboración con CRIOBE (Centre de Recherches Insulaires et Observatoire de l’Environnement) e IFREMER (L’Institut Français de Recherche pour l’Exploitation de la Mer), aprovechamos la oportunidad de la expedición TARA Pacific para medir la concentración de filtros ultravioleta en la laguna de la isla de Moorea. El muestreo se prolongó durante semanas, con medidas con una sensibilidad nivel traza, posibilitando la detección en concentraciones extremadamente bajas, del orden de ng/l (un millón de veces más pequeñas que un miligramo por litro).

Además de esto, el Centre Scientifique de Monaco evaluó el impacto en los corales de los principales filtros UV comúnmente utilizados en los protectores solares de L’Oréal. Para ello se expusieron pequeñas cantidades cultivadas de la especie de coral Styllophora pistillata durante 5 semanas a concentraciones de 10 μg/L hasta 1 mg/L de los filtros ultravioleta Mexoryl SX, Mexoryl XL, Etilhexiltriazona, Octocrileno y Avobenzona. Se evaluó tanto el blanqueamiento como el rendimiento de la fotosíntesis de las algas coralinas. La conclusión del estudio es que ninguno de estos filtros indujeron el blanqueamiento de los corales ni redujeron la eficiencia fotosintética de las microalgas simbióticas a concentraciones 100.000 veces superiores a las reportadas en aguas naturales. Estos resultados demuestran que los filtros de protección solar de L’Oréal son respetuosos con los corales.

Además de evaluar el impacto sobre los corales, también se ha verificado que ninguno de estos filtros solares afecta a la vida en aguas dulces (zooplacton Daphnia magna, microalgas Selenestrum capricornutum, huevas de pez Danio rerio) ni en aguas saladas (bacterias Vibrio fisheri, microalgas Pheodactylum tricornutum, larvas de erizo de mar Paracentrotus lividus, corales cultivados Stylophora pistillata).

Además de los filtros solares, La Roche Posay ha evaluado el impacto marino de la fórmula completa de productos de la gama Anthelios. Más del 80% de los ingredientes utilizados son totalmente biodegradables, y todas las fórmulas son limpias: libres de siliconas y libres de microplásticos.

Aunque muchos arrecifes se hayan declarado zonas protegidas y los cosméticos de protección solar se formulen para no dañar el medio marino, la deriva catastrófica del cambio climático sigue siendo la principal amenaza para los corales.

Una de las cuestiones más peliagudas del cambio climático es que el aumento de CO2 afecta a la acidez del agua oceánica y eso imposibilita mantener los ecosistemas marinos tal y como los conocemos. Como el CO2 tiene una elevada solubilidad en agua, muy por encima del oxígeno o del nitrógeno, el aumento de CO2 atmosférico repercute significativamente en el pH del mar.

Los océanos absorben aproximadamente el 30% del CO2 atmosférico. Estrictamente el CO2 no se disuelve en el agua, sino que reacciona con ella. Al reaccionar forma ácido carbónico. Este ácido es el que acidifica el agua (hace descender el pH).

En el medio marino hay un equilibrio entre el carbonato y el bicarbonato que hacen posible la formación de conchas y estructuras de organismos calcificadores como corales, bivalvos o algas coralinas. Sus refugios están formados de carbonato que obtienen del agua. El problema es que cuanto más CO2 hay en el agua, se formará más bicarbonato que carbonato. Este desequilibrio reduce la capacidad calcificadora de las especies marinas.

Por eso los laboratorios dermatológicos verdaderamente comprometidos con la preservación del medio ambiente han de ir más allá de la formulación limpia de sus productos de protección solar. L’Oréal se ha comprometido a alcanzar cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050, contribuyendo así a mantener el aumento de la temperatura global dentro de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Con ello asume el objetivo del Acuerdo de París de la ONU. Estos objetivos siguen a una década de trabajo realizado por L’Oréal para reducir su huella de carbono en toda su cadena de valor. El grupo ya ha reducido las emisiones de sus centros industriales en un 77% en términos absolutos de 2005 a 2018, manteniendo un crecimiento del 38% en su producción. A finales de 2018, 38 fábricas de L’Oréal ya habían logrado ser neutras en carbono. Este rendimiento excepcional ha sido reconocido por sexto año consecutivo por el CDP (Carbon Disclosure Project), que otorgó a L’Oréal la calificación «A» por sus esfuerzos en la lucha contra el cambio climático.

*Principales fuentes consultadas:

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*Declaración de conflicto de interés:

Este artículo ha sido escrito con total libertad.

Formo parte del equipo de transferencia y asesoramiento científico del laboratorio dermatológico La Roche Posay perteneciente a L’Oréal. Esa es la razón por la que se citan como ejemplos de prevención y tratamiento productos desarrollados por este laboratorio.

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