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Entradas etiquetadas como “escultura”

Louise Bourgeois, la mujer que convirtió a su madre en araña

La obra más emblemática de la artista Louise Bourgeois es su monumental escultura en forma de araña. Se titula «Mamá» -no madre, mamá-. La forma, las dimensiones y sobre todo los materiales esconden un significado. Cuando lo descubres no vuelves a mirarla con los mismos ojos.

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El Peine del Viento de Chillida: materia, forma y lugar

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Peine del Viento XV, Acero Cor-ten, Eduardo Chillida Juantegui, 1977

El Peine del viento quizá sea la obra más emblemática y reconocible de Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924 – Ibídem, 2002). Está situada en la bahía de la Concha, en San Sebastián. Alberga dos playas, La Concha (este) y Ondarreta (oeste). Hay quienes prefieren el Paseo Nuevo de La Concha, con su oleaje abierto y los hay, como Chillida, que preferían el promontorio rocoso del final de la playa de Ondarreta, en el cierre del litoral urbano, un lugar más recogido, más a escala humana. En este lugar es donde se sitúa el Peine del viento.

Seguir leyendo en el Cuaderno de Cultura Científica de la UPV/EHU>>

El Elogio del Horizonte de Chillida, un encuentro entre ciencia y arte

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Elogio del horizonte, Hormigón, Eduardo Chillida Juantegui, 1990

Eduardo Chillida Juantegui (San Sebastián, 1924 – Ibídem, 2002) recorrió la costa europea en busca de un espacio acorde a su idea de «elogiar el horizonte», encontrándose que la mayoría de las situaciones que se adecuaban a lo que él buscaba ya estaban ocupadas por la armada por razones estratégicas.

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Relato inspirado en la escultura «Mamá» de Louise Bourgeois

Mamá

Hace unos días en Next Door Publishers compartieron uno de mis relatos. Llevo muchos años escribiendo, tanto en prosa como en verso; quiero decir, escribiendo algo más que sobre ciencia. He publicado unos cuantos trabajos de poesía a lo largo de mi vida, entre ellos el libro Megalomanía, por el que sigo sintiendo un afecto singular. Alguno de mis relatos también ha sido publicado en colecciones y hasta alguno ha sido premiado. De esto hace unos años porque, como podrán intuir, llevo ya bastante tiempo concentrada en todo lo relacionado con la divulgación científica, por lo que es normal que esa tarea eclipse, por momentos, otras facetas.

El relato publicado en Next Door se titula «Mamá» y está inspirado en la escultura de Louise Bourgeois sobre la que hablé el pasado Naukas 15 en Bilbao. Es un relato que, de nuevo, aúna el arte con la ciencia:

«Llegaba tarde. La ventana de la habitación de mis padres emanaba una tenue luz azul inculpatoria y revelaba parcialmente la maraña de hierba del jardín que tendría que atravesar. Sólo oía mis tímpanos todavía embotados y la bichería camuflada con la tierra».

Seguir leyendo el relato «Mamá» en Next Door Publishers >>

Ilustración del relato realizada por Tamara Feijoo Cid.

Mark Manders: la ciencia del Torso de arcilla sin cocer

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Pasear por un pedazo del estudio del artista es como pasear por un pedazo de su universo, donde las joyas y los desechos se entremezclan sin que el paseante sepa discernir cuál es cuál, donde el barro está todavía húmedo, donde el cemento ha comenzado a fraguar, donde las rebabas de bronce todavía están ancladas al cuerpo como pelos cobrizos indomables.

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Estatuas de bronce e historia

Desde siempre, realmente no recuerdo desde cuándo, pero debe de ser casi como desde siempre, me ha gustado observar la gente en la calle, quedarme quieto en algún puesto y observar cómo se mueven y lo que hacen en esa especie de silencio infinito que los cubre cuando no oyes lo que están hablando. Esa posibilidad de, por un lado no imaginando lo que están haciendo, que no me interesa, lo que están hablando, que tampoco me preocupa, sino esa especie de comportamientos, de cuerpos, de formas que van entrando y saliendo del espacio.

Juan Muñoz (1953-2001)

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Tuve la suerte de poder contemplar varias obras de Juan Muñoz a lo largo de mi vida. La que recuerdo con mayor intensidad fue la primera. Se trataba de Figuras colgando (1999). Lo sorprendente de esa exposición es que lo primero que pude ver fueron las sombras de esas figuras sobre una impoluta pared blanca. Perecían dos hombres colgando del cuello, con una soga, muertos. Las sombras se movían, los cuerpos parecían girar todavía incorruptos, el suceso había sido inminente. Seguí caminando hacia las sombras, donde una pared impedía ver qué era lo que realmente sucedía. Al doblar la esquina ahí estaban, suspendidos del techo, dos hombres grises, pesados, agarrándose a la soga por los dientes, luchando por su vida ya sin fuerzas, desfallecidos, o vencidos por ella, víctimas de un abuso, o víctimas de sí mismos y sus instintos. La historia que allí se contaba era la historia que yo decidiese leer. Los hombres eran grises, neutros, de expresión limitada. Su gesto se escapaba del alcance de mi vista. Giraban muy lentamente. No había ninguna violencia más allá de la fuerza de sus dientes luchando contra la gravedad. Su historia seguía colgando, con armonía, con pulcritud. Su historia me pertenecía.

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