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Química, fotografía y Chema Madoz

Cuando era niña paseaba de la mano de mi abuelo por todas las calles de la ciudad, por cada uno de sus recovecos, por sus arrabales, por los barrios, por lugares con aceras y sin ellas, siempre lejos de las calles que habían sido diseñadas para el paseo, lejos de las áreas comerciales, lejos de los andares ociosos, de los pavimentos acariciados por suelas de cuero y tacones finos. Paseábamos por zonas industriales, o por donde la naturaleza silvestre gana la batalla al asfalto, por donde fluye el trajín de las vidas a cuestas, o por donde sólo fluye el abandono._0432

Entre toda esa belleza cotidiana y salvaje, carente de ornamentos, es donde el saber mirar cobra una importancia vital de la que siempre me sentí dueña.

No es un escritor, ni un pensador, es un mirador, la única facultad verdadera y aérea: mira. Nada más.

R.G. de la Serna

Ya siendo adolescente, paseando por uno de los barrios más decadentes de mi ciudad, me encontré con un pequeño sótano con las puertas abiertas. Había lotes de libros antiguos colocados por el suelo, sobre la acera, que animaban a entrar. El local estaba abarrotado de estantes, libros y cosas, sin ningún orden aparente. Entré. ¿Hola? No había nadie, pero aun así me adentré en ese sótano y me puse a leer el lomo de todos aquellos libros. Era una lista interminable de joyas y de basuras. Al cabo de un rato apareció un hombre de mediana edad que me dijo que mirase cuanto quisiese, y que si algo me gustaba me lo vendería si llegábamos a un acuerdo. Se quedó apoyado en la puerta, fumándose un cigarrillo, mientras yo rebuscaba allí dentro.

Me fijé que al fondo de ese sótano había un ventanuco por el que entraba luz, y frente a él había una pequeña mesita de centro sepultada bajo pesados libros de Arte. Me llamó la atención uno de ellos, porque su portada imitaba una película fotográfica: en negativo el nombre, Chema, y en positivo el apellido, Madoz. Se trataba del catálogo de la exposición fotográfica de Chema Madoz en el Reina Sofía.

Me senté sobre los libros que estaban sobre la mesa de centro, abrí el catálogo, y observé todas las fotografías de aquel artista que para mí todavía era un desconocido. Todas ellas eran fotografías analógicas en blanco y negro, eran fotografías de objetos cotidianos manipulados, pequeñas esculturas metafóricas, poemas breves de fácil interpretación, con un primer parpadeo humorístico, y una reflexión posterior más densa y dramática. Me recordaron a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Eran su expresión plástica. Eran lo extraordinario de lo ordinario, y por eso me enamoré de todas ellas.

Le quedaba en las gafas el recuerdo de las cosas vistas. Era un fotógrafo.

R.G. de la Serna

 chama madoz gafas

La fotografía analógica, y especialmente ésta, en blanco y negro, permite obtener imágenes de mayor plasticidad y mayor profundidad de campo, y es por esto por lo que Chema Madoz emplea este soporte para su obra. Al fin y al cabo Chema Madoz, desde mi punto de vista, es un escultor: sus fotografías son tomadas a objetos reales que él mismo esculpe empleando diversos materiales y jugando con objetos cotidianos, modificándolos para crear nuevas capas de lectura.

El proceso de toma y revelado de imágenes de emplea Chema Madoz es el tradicional negativo-positivo. Este proceso consiste en tomar una fotografía con una cámara analógica que queda registrada en la película fotográfica de la cámara. Posteriormente esta película se revela como negativo a fin de que la imagen recogida en él no se deteriore y quede fijada a la película. Esta imagen nos ofrece un negativo de la realidad fotografiada: los negros del negativo se corresponden a los blancos de la realidad (a la luz). Una vez fijado el negativo se hace pasar luz a través de él por medio de una ampliadora y esta luz se registra en un papel fotosensible de la misma manera, solo que ahora la luz atraviesa las zonas transparentes del negativo, con que estos huecos serán los que se oscurezcan una vez se haga el revelado del papel fotográfico, dando lugar a una imagen en positivo de la realidad, es decir, a la imagen real.

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El proceso de captura de imagen y revelado a nivel químico es el mismo en el caso de películas fotográficas (negativo) como de papel fotosensible (positivo).

Las películas fotográficas están formadas por un soporte transparente de acetato de celulosa y sobre éste hay dispuesta una suspensión de bromuro de plata en gelatina comúnmente llamada emulsión fotográfica (pese a que se trate de una suspensión, no de una emulsión). El bromuro de plata es la sustancia sensible a la luz, la que reacciona ante el impacto de los fotones que atraviesan las lentes de la cámara.

Aunque se trate de fotografía en blanco y negro (B/N) existen películas más o menos sensibles al espectro de luz visible: las películas ortocromáticas no son sensibles a longitudes de onda elevadas (de baja energía) como los correspondientes a los rojos, y es por ello por lo que estas películas pueden ser manipuladas bajo iluminación roja sin que se velen. Las películas pancromáticas son sensibles a todo el espectro visible, en mayor medida a las longitudes de onda cortas, las de más energía, que se corresponden a los azules.

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El papel fotosensible está formado por un soporte de celulosa que puede presentarse plastificado, habitualmente con poliestireno (PE) que lo protege del agua y de las disoluciones empleadas en el revelado. Sobre la celulosa hay una fina capa de un material que suele emplearse para texturizar y dar mayor calidad de blanco: hasta el siglo XIX se empleaba la albúmina (clara de huevo), hasta que en 1866, en España, se fabricó por primera vez el papel baritado, que contenía una fina capa de sulfato de bario para tal efecto y que además mejoraba la durabilidad, calidad y rigidez del papel.

Sobre esta fina capa es donde se sitúa la suspensión de haluro de plata (habitualmente el haluro empleado es bromuro) en gelatina, igual que en las películas fotográficas, que es la capa sensible a la luz.

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El bromuro de plata (AgBr) es un compuesto iónico, una sal formada por cationes de plata Ag+ y aniones de bromo Brque forman cristales cúbicos. En su estado natural este compuesto es blanquecino-amarillento, color del cual es responsable la Ag+ ([Ag+]: 4d10).

Ag1Br1-7785231

El impacto de la luz sobre la suspensión de AgBr es suficiente como para movilizar electrones capaces de reducir alguno de los átomos de Ag+ a Ag de los cristales, generando lo que se llama una imagen latente. Esta imagen es imperceptible para el ojo humano, pero es la responsable de crear los núcleos a partir de los cuales se seguirá reduciendo la Ag+ adyacente en el proceso de revelado.

Lo importante de este proceso es que la Ag en estado metálico, la reducida, es de color negro, y es la responsable de la aparición de la imagen.

Ag+ (blanquecino) +  e-  → Ag (negro)

Reducción (ganancia de electrones)

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El tamaño de los granos de bromuro de plata es lo que define la sensibilidad de la película de forma que cuanto mayor es el tamaño del grano, mayor es el área que ocupa, por lo que una menor cantidad de fotones que incida contra la emulsión será suficiente para producir la imagen latente, con lo que el resultado será un tiempo de exposición más breve.

La sensibilidad puede clasificarse en diferentes tipos de escalas, pero la más empleada es la ISO:

Baja sensibilidad (ISO 6 – ISO 64): Poseen un grano extremadamente fino y una escala tonal muy amplia, por lo que permiten hacer ampliaciones sin que el grano sea perceptible. Estas películas se emplean cuando se requiere un gran detalle en la imagen, con objetos estáticos y cuando hay buena iluminación o cuando son posibles largas exposiciones con trípode.

Sensibilidad media (ISO 100 – ISO 200): Permiten ampliaciones de 30x40cm sin que el grano sea perceptible y poseen una escala tonal amplia, por lo que su uso es el más extendido.

Alta sensibilidad (ISO 400 – ISO 3200): Presentan un bajo contraste. El grano es grueso y evidente en las ampliaciones por lo que la imagen pierde definición. Se utilizan en fotografías de acción donde se requiera congelar el movimiento o en situaciones de escasa iluminación.

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A continuación la película fotográfica o el papel se someten al proceso de revelado, que consiste en sumergir estos soportes en diferentes disoluciones siguiendo un orden y un tiempo concretos y en ausencia de luz. Las películas fotográficas (el carrete de la cámara) se introduce en un pequeño tanque que tiene una abertura que nos permite llenarlo y vaciarlo con las diferentes disoluciones hasta revelar y fijar el negativo.

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Para el positivado del papel las disoluciones empleadas son las mismas, pero el proceso se realiza en cubetas de un tamaño apropiado al tamaño de la foto, y es el papel el que tenemos que mover de una cubeta a otra, cada una con la disolución adecuada.

Las etapas del revelado y fijado de la imagen en ambos casos son las siguientes:

  1. Revelado
  2. Baño de paro
  3. Fijación
  4. Lavado

Proceso-de-revelado

REVELADO

El revelado es el proceso por el cual todos los cationes de plata de la imagen latente se reducen a plata metálica. Este proceso es una reducción, ya que los cationes de plata Ag+ ganan un electrón para convertirse en plata Ag. Para que una especie gane un electrón tiene que haber otra que lo pierda. Las sustancias que ceden con cierta facilidad sus electrones son las sustancias que se oxidan. Así que todo proceso de reducción va asociado a una oxidación, y por eso estas reacciones se conocen como reacciones de reducción-oxidación, reacciones de transferencia de electrones o, de forma abreviada y de mayor popularidad: reacciones redox.

El agente de revelado (la sustancia que se oxida) de mayor uso es el 4-(metilamino)fenol sulfato, comercialmente conocido como Metol (nombre acuñado por AGFA) o Elon (nombre acuñado por KodaK).

P-(methylamino)phenol_sulfate

Metol

Alfred Bogisch fue el que descubrió en 1891 que la sustancia que se empleaba para el revelado hasta entonces (4-aminofenol sulfato) era menos efectiva que las formas metiladas, tanto en orto al grupo amino como N-metiladas. A pesar de que químicamente es más sencillo metilar en orto, esta fórmula cayó en desuso con respecto la fórmula N-metilada.

Esta sustancia es tóxica por ingestión e irritante por contacto, llegando a producir dermatitis en quien la maneja. Es por ello por lo que algunos fotógrafos emplean en su lugar otra sustancia análoga que carece de estos efectos sobre la salud: la fenidona (1-fenil-3-pirazolidinona)

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Fenidona

La fenidona tiene hasta cinco veces más potencia de revelado que el Metol, por lo que se debe reducir el tiempo de inmersión del papel en la disolución. Se preparó por primera vez en 1890, en los laboratorios Ilford Limited, pero hasta 1940 el Dr. J.D. Kendall no descubrió su uso potencial como reductor fotográfico. Comenzó a comercializarse en 1951.

Junto con el agente de revelado se emplea otra sustancia de vital importancia: la hidroquinona (benceno-1,4-diol).

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Hidroquinona

Esta sustancia se emplea junto al agente revelador porque es capaz de “recargar” sus electrones una vez éste se haya oxidado para reducir a la plata, de forma que el Metol parece no oxidarse (en la reacción global) y es la hidroquinona la que lo hace en su lugar dando quinona.

AgBr + luz →  AgBr* (imagen latente)

AgBr* + C6H6O2 (hidroquinona) →2Ag (negro) 2HBr + C6H4O2 (quinona)

El proceso de preparación de la hidroquinona es similar al proceso Cumeno: se dialquila el benceno con propeno para producir 1,4-diisopropilbenceno, que en presencia de aire y H2O2 produce acetona e hidroquinona.

A esta mezcla de Metol-hidroqinona se le añaden ciertas sales alcalinas como el carbonato sódico, el hidróxido sódico, sulfito sódico y bromuro potásico (bórax). Por un lado el sulfito, además de prevenir la oxidación atmosférica del Metol, facilita la “recarga” actuando como catalizador de esa reacción. El bromuro de potasio restringe la acción del revelador suprimiendo el efecto de niebla química. Y el resto de sales, que son alcalinas, se emplean para aumentar el pH de la disolución en torno a 11-12, ya que así se logra un mayor contraste en la fotografía.

BAÑO DE PARO

Para detener el revelado sólo hay que reducir rápidamente el pH, de tal manera que la reacción redox se detenga. Para ello se emplea un ácido que no dañe el soporte, como es el ácido acético diluido en agua al 1-2%, a fin de alcanzar un pH entre 3 y 5. Para comprobar que el pH es el adecuado puede emplearse como indicador colorimétrico el papel de tornasol o un indicador universal que hará que la disolución sea amarilla a pH óptimo y torne a violeta cuando ya se haya agotado.

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Ácido acético

Este baño de paro fotográfico se comercializa como disolución de ácido acético al 28%, por lo que siempre hay que diluirlo, o como ácido acético glacial, cuya manipulación es más difícil y peligrosa, ya que se trata de ácido acético al 99%. En su lugar se puede emplear un baño de paro casero empleando vinagre diluido, ya que el vinagre contiene un 3-5% de ácido acético.

Este baño es el responsable del olor característico de los laboratorios fotográficos.

FIJACIÓN

La fijación consiste en eliminar las sales de plata que no han sido reveladas y que por tanto siguen siendo sensibles a la luz. Las zonas grises y blancas hasta este momento contienen bromuro de plata que no ha reaccionado.

Para tal efecto se emplean sales como el tiosufato sódico o “hypo” o tiosulfato amónico, que permite una fijación más rápida. La reacción que se produce es un intercambio catiónico (el Na+ se intercambia con el Ag+) de forma que “fija” la Ag+ evitando que se reduzca a plata metálica negra.

2 S2O32− + AgBr → [Ag(S2O3)2]3− + Br

LAVADO

El lavado consiste en eliminar todos los restos de las disoluciones anteriores por medio de un baño en agua corriente, a fin de que la película o el papel se deteriorasen con el paso del tiempo o apareciesen manchas indeseables.

Todo este proceso, que puede parecer estricto, en realidad permite jugar mucho con el resultado final. En el revelado se pueden ajustar contrastes, tonalidades, escalas de grises, por lo que el artista suele encargarse él mismo del positivado o encargárselo a alguien capaz de seguir las directrices del artista. En el caso de Chema Madoz es él el que se encarga de hacer un positivado pequeño, de 24×30 o 30×40 y es el fotógrafo Juan M. Castro el que se encarga de hacer la copia a mayor escala, igualando el resultado del artista.

Una vez lavadas las fotos sólo hay que tenderlas hasta que sequen. Como sábanas.

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Salí de aquel sótano con el catálogo de Chema Madoz entre mis brazos. El señor de mediana edad continuaba apoyado en una de las hojas de la puerta. Le dije Me quiero llevar este libro. En la primera página debe de haber un precio escrito a lápiz, me dijo. Lo abrí. 18,50 €. Me pareció un precio asumible para un registro tan grande de la belleza que se esconde en los objetos cuando les damos un uso para el que no han sido diseñados, cuando los miramos con la profundidad y el valor con el que merece ser mirado el mundo.

Esta entrada participa en la XXXI Edición del Carnaval de Química, cuyo blog anfitrión es ::ZTFNews.

Fuentes

Nuevas Greguerías. Ramón Gómez de la Serna/Chema Madoz. Ed. La Fábrica, 2009

Chema Madoz. Catálogo MNACRS, 1999

Documental Imprescindibles: Chema Madoz, regar lo escondido. RTVE, 2012.

Enciclopedia completa de la fotografía. M. Langford. Ed. Blume, 1983

Introducción a la fotografía científica. Luis Monje Arenas. C.A.I. Universidad de Alcalá

Los procesos fotográficos artesanales.  Thierry Donnay Ed. Photogramme, 1997

Química fotográfica, Joan Torrent Burgués, Ed. UPC, 2001

El laboratorio fotográfico. Comunicación audiovisual. José Ramón Gómez Pérez, 2005

Teoría fotográfica. Formación de una imagen en un material fotosensible. Alfredo Ponce.

Imágenes de compuestos: Wikipedia

Introducción a la Química orgánica. A. Streitwieser, C.H. Heathcock Ed. MacMillan, 1992

Química orgánica: estructura y función. K.P.C. Vollhardt, N.E. Schore 2002

    5 comentarios en "Química, fotografía y Chema Madoz"

    • Mario Navarrete says

      Hermoso artículo, al fin, después de cursar la carrera de foto, alguien me explica desde el punto de vista científico el proceso que tanto amo. ¡Gracias!

    • Binla says

      Me salté toda la parte técnica… Qué pena que seas química!

      (Pena ninguna, claro, es sólo que me gustaría haber seguido leyendo palabras escritas por alguien que tan bien sabe apreciar el buenmirar. Ha sido un placer.)

      • Deborah García Bello says

        Voy a tener que empezar a escribir más de arte que de química, para reestablecer el equilibrio 😉

    • Daniel says

      Química, fotografía y arte. Una combinación que reúne la esencia del ser humano. Gracias a este artículo ahora soy un técnico a quien le sacudieron la estructura. Sencillamente genial…!!!!

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