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Por qué la Ciencia no explica el Amor

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Con una periodicidad vertiginosa, de una vez al mes, sino más, aterriza en mis redes sociales algún artículo que trata de explicar qué es eso del Amor desde el punto de vista de la ciencia. Todos, sin excepción, unos con más acierto y rigor que otros, exponen un inventario de reacciones químicas y procesos hormonales que, según los firmantes, explican el Amor.

Siglos de pensamiento abstracto sobre el Amor reflejados en la filosofía, expresados, cuestionados y reflexionados por el arte, aparecen aplastados por la lógica científica, reducidos a reacciones químicas concretas y a compuestos del calado metafísico de la dopamina, la serotonina o la oxitocina. Subrayo la palabra «reducidos». Yo, que soy científica, afirmo que la mayoría de estos artículos pecan de reduccionistas y no representan el pensamiento científico.

El primer pecado reduccionista de estas explicaciones científicas comienza cuando se reduce el Amor al enamoramiento. El Amor, y no voy a cometer la imprudencia de definirlo, no es sólo enamorarse, no es ese estado alterado del llamémosle alma, corazón o cerebro, sino que abarca la abrumadora complejidad de nuestra naturaleza. Si llamamos Amor a las reacciones que se suceden durante el enamoramiento es natural que hablemos de niveles hormonales y otras variables igual de románticas que ésa; pero eso no es el Amor, no en mayúsculas, sino sólo una pequeñísima parte.

El segundo pecado reduccionista es confundir la causa con el efecto. Por ejemplo, la pregunta capital del amor romántico no es qué le ocurre a mi organismo cuando ya estoy enamorado, que puede resultar más o menos interesante, sino cuál es la causa por la que me he enamorado. Aquí no hay reacciones químicas ni hormonas que puedan ni pretendan explicar las causas del enamoramiento. Podemos enamorarnos de personas a las que ni siquiera hemos visto, sin que exista ningún posible intercambio de sustancias entre uno y otro, y nuestros niveles de dopamina y oxitocina se pueden disparar obviando el estímulo. Así que no es lo mismo conocer los efectos fisiológicos del amor romántico que sus causas.

El tercer pecado reduccionista es someter al arte a la aborrecible condescendencia de algunos científicos. Nótese que no cito a la ciencia, que de por sí no es condescendiente, sino a los científicos que la elevan a categorías impropias, que rozan lo divino y lo derrocan. Una de las cuestiones vitales que el hombre, por definición, surca a través del arte, es el Amor. El arte no pretende dar respuesta, sólo pretende ahondar. Si hubiese una respuesta el arte ya habría muerto. No tendría sentido la pintura, la escultura, la poesía, pues todo se habría reducido a prosa errante.

Las personas que reducen el Amor a reacciones químicas no podrán entender las emociones que suscita el arte, sino que lo observarán, desde un pedestal ficticio, como una cuestión para ellos ya resuelta, con la condescendencia del que cree saber algo más. Lo observarán a través de los fotorreceptores de sus retinas, sus sinapsis y sus niveles hormonales, y como mucho se estremecerán en un delirio atómico.

El cuarto pecado reduccionista es incluir los porqués en los cómos. Cómo sucede el Amor es una cuestión que puede resolverse desde diferentes ámbitos del conocimiento con estimable detalle. Podemos describir este proceso desde la Biología, atendiendo a procesos evolutivos y fisiológicos; desde la Química, atendiendo a las reacciones químicas que corresponden a la secreción y actuación de las hormonas; a la Física, retrotrayéndonos al origen mismo de los átomos que componen nuestro cerebro enamorado; a la Antropología, a la Sociología, etc. Podemos describir cómo sucede adaptándonos a las teorías científicas más elegantes y a las leyes naturales más sólidas, y a través de ellas crear el espejismo de que la descripción que ofrecen de los cómos del Amor, abarca también sus razones, sus porqués.

La ciencia no explica por qué suceden las cosas, sino cómo suceden. No es que no pueda explicar los porqués, que estos porqués sean una serie de preguntas que con el tiempo se irán resolviendo, sino que resolver estas preguntas no forma parte del cometido de la ciencia. Si la ciencia diese respuesta a los porqués dejaría de llamarse ciencia y se llamaría religión.

La ciencia es descriptiva. Las cosas suceden, por los motivos que sea, y la ciencia se dedica a describirlos con detalle y elegancia, tratando de formular teorías y leyes que se adapten a lo observado y nos sirvan para hacer predicciones. Las cosas no suceden porque la ciencia lo diga: las manzanas se caían de los árboles antes de haber establecido la ley de la gravedad.

Éste no es un defecto de la ciencia, sino que es una de sus grandes virtudes: la ciencia es prudente. La ciencia no pretende dar respuesta a los porqués, sólo profundizar en los cómos.

Por qué sucede el Amor es una cuestión bellísima e irresoluta que alimenta a la filosofía, al arte, a la vida y a su incansable búsqueda de sentido. Arropémosla y disfrutémosla como la inquietud innata que es, como una de las cuestiones vitales que nos define y nos humaniza, y no la enterremos en arrogancia disfrazada de ciencia.

No quieras entenderme con las luces

del sentido común:

                                           sé tu imprudente.

Cualquier ciencia requiere a sus audaces.

 

Puede que esté prendido en alfileres,

pero he cristalizado en lo que vivo:

el diamante infrangible de lo humano.

 

Extracto del poema Prendido en alfileres, del libro Ánima mía de Carlos Marzal, 2009

Ilustración realizada por Tamara Feijoo Cid

    20 comentarios en "Por qué la Ciencia no explica el Amor"

    • Estoy muy de acuerdo… quizás podría decirle a esas personas que creen que sólo es química que tienen razón si consiguen explicar por qué determinadas personas nos producen esa reacción, pero… perdonadme que aquí no use la ciencia. El por qué esa persona Él o Ella y no otro… eso aún tiene un poco de magia ^^

      Muy buen artículo y preciosa ilustración. Felicidades y gracias ^^

      • Deborah García Bello says

        Gracias María 🙂

    • ununcuadio says

      A parte de coincidir en todo, me has descubierto un nuevo y precioso adjetivo con Marzal: infrangible 🙂

      • Deborah García Bello says

        Gracias Dolores 😉

    • Marta says

      Esperando en un aeropuerto has conseguido llenar un hueco de mi tiempo disfrutando, de lo que sin duda, muchos estarán de acuerdo contigo, el AMOR es misterio y la ciencia es prudente, continuemos así.

      • Deborah García Bello says

        Muchas gracias Marta 😉

    • Javier says

      Querida, ya hablábamos de esto en Bilbao cenando con los amigotes, recuerdas?

      Estoy muy en la línea de los cómos y los porqués, como me habrás leído muchas veces.

      Te voy a poner una pega, si no admites una realidad inmaterial, cómo puede estar la causa más allá de las “reacciones y hormonas”, de la materia y energía?

      Y que conste que es una pega al discurso puramente materialista, que considero tramposo cuando luego se solaza en la Belleza y el Amor.

      Y que conste también que yo no defiendo esa postura, yo creo en una realidad trascendente y creo que cosas como la Belleza y el Amor son lugares por donde se asoma.

      Lo puse en este artículo, que posteriormente fue un capítulo de mi cuarto libro.
      https://lacienciaparatodos.wordpress.com/2009/11/01/algo-mas-alla-de-la-ciencia/

      En fin, que se te quiere… y no por la química 😉

      Javi

      • Deborah García Bello says

        Acabo de leer tu artículo. Por aquel entonces todavía estaba naciendo 😉
        Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, ya lo sabes.
        Eso de que yo no admito que exista una realidad inmaterial, ya no lo sabes tanto, y nos va costar otra cena en Bilbao o donde sea.
        A ti también se te quiere, pero sólo por guapo 😉

        • Javier says

          Me refería a q no se puede acudir a otra causa q no sea materia/energía sin añadir hipótesis inmateriales.. César me dirá q tengo disociación cognitiva,pero no hay otra de explicar satisfactoriamente lo guapos que.. somos!
          Charla pendiente. Un abrazo compi!

    • Toñi says

      Hola,
      En primer lugar, felicitarte por tu artículo: claro, conciso y bien estructurado.
      Me gustan este tipo de temas, de planteamientos. De hecho, el que ahora describes es muy complejo y muy interesante.
      Es cierto que a veces, se peca de reduccionista con títulos que llaman la atención del lector para atraparlo en la lectura de los artículos. La ciencia explica el amor, sí; en todas sus vertientes, no. De esta forma, coincido contigo en la temática del artículo, aunque no en el título escogido 😉
      La ciencia explica el enamoramiento, y se apoya en otros conocimientos como la sociología, etc. Explica el cómo y también el por qué, y aquí es el punto en el que mi punto de vista, no coincide. La ciencia explica los por qués, claro que lo hace, de hecho lleva peleándose muchos años con la religión, que siempre lo atribuyó a causas más bien divinas. Sin embargo, añadiré algo, la ciencia explica el por qué y el cómo, pero no el sentido de las cosa, y eso es a lo que creo que tú te referías. Un ejemplo: por qué existe la vida en la Tierra? Se sabe mucho acerca de esto, qué sentido tiene la vida? No creo que la ciencia pueda contarlo. Por qué nos enamoramos de unas personas y no otras? La ciencia tiene muchas teorías al respecto. Qué sentido tiene esto? Pues si te soy sincera, no lo sé.
      Por otra parte, veo que haces alusiones al arte, en casi todas sus vertientes. Yo creo que el arte no explica las cosas, es una forma de expresión, de transmitir qué sentido tienen para los artistas las cosas y además, en este proceso, se crea belleza, se crea una conexión con el observador o el lector, que a su vez es vuelta a interpretar, y escoge un sentido nuevo. Esto, por lo menos, es lo que quiere decir para mí, y es lo que me pregunto cada vez que escribo: qué intento transmitir.
      Como digo, me parece un punto de vista muy interesante y un gran artículo. Mi respuesta no explicará nada, ni arrojará luz sobre ningún tema aquí expuesto, sin embargo, espero que te haya transmitido algo 😉
      Saludos.

      • Deborah García Bello says

        Hola Toñi. Gracias por comentar y por exponer tan claramente tu punto de vista.
        Con respecto al título, ten en cuenta que escribo Amor en mayúsculas. El Amor en mayúsculas es una cuestión vital, en minúsculas ya es otra cosa.
        Con los “porqués” me refiero al sentido de las cosas, a las razones últimas por las cuales las cosas son como son y no de otra manera. La Ciencia no tiene ni busca la respuesta a esas preguntas, y creer que sí lo hace para mí es otorgarle un carácter arrogante del que la Ciencia debería prescindir. Por eso esa pelea entre la Ciencia y la Religión, cuando hablamos de realidades trascendentes, pierde todo el sentido. La Ciencia, la Ciencia de verdad, no la imagen que a veces se proyecta de ella, no es capaz de afirmar ni de negar ninguna divinidad; ni siquiera forma parte de su cometido.
        Con respecto al Arte, el Arte ahonda en las preguntas vitales; es, como dices, una forma de expresión, y se basa en aspectos tan intangibles como la Belleza, por eso no puede partir de respuestas concretas, porque eso supondría su extinción. ¿Cómo vas a ahondar en la idea de Amor, Muerte o Dios si tienes una respuesta materialista? A eso me refiero.

        Saludos y gracias 😉

    • Nicolas Flamel says

      Hola.

      Buen articulo, muy claro y conciso como ya han comentado 😉

      Me gustó esta frase que escribiste: “Si la Ciencia diese respuesta a los porqués dejaría de llamarse Ciencia y se llamaría Religión”. Creo haber leído algo similar alguna vez, no estoy seguro y estoy de acuerdo con ello. De todos modos, no me extraña el desacuerdo que podría haber con esto, aunque creo que sería en parte debido a una mal interpretación de lo que quieres decir (incluso aunque escribes todo un párrafo para explicarlo bien), ya que esos “porqués” y ese “cómo” que mencionas, por definición y, quizá mas importante, por tradición, pueden y suelen usarse de manera intercambiable (incluso en ciencia), prácticamente como sinónimos de hecho. Es parte de las imperfecciones de nuestro idioma.

      El reduccionismo es algo de lo que la mayoría llegamos a pecar muchas veces, aun así y en especifico hablando del amor, creo que debemos intentar al menos entender y/o explicar lo mas que se pueda, en términos científicos, todos los aspectos que rodean al amor (por mas abstracto que sea este concepto per se), pero sin caer en el reduccionismo o el determinismo de pretender que esto pueda servir para explicar o incluso dirigir el total comportamiento que deben seguir las personas. Sin duda sería no solo interesante sino también útil para ciertas cosas (no necesariamente ligadas directamente al amor).

      ¡Saludos!

      • Deborah García Bello says

        Hola Nicolás.
        Hay que investigarlo todo, con la mayor profundidad posible. Desde los mecanismos fisiológicos y evolutivos del amor, a cualquier otra cuestión irresoluta. No niego eso. Lo que afirmo es que no se puede explicar el sentido del Amor por medio de la Ciencia. A eso me refiero con los porqués, al sentido. No es que no se pueda, es que la Ciencia no lo pretende. Y eso no es nada malo, insisto.
        Muchas gracias por tu comentario y tu tiempo.
        ¡Un saludo! 😉

    • Fer says

      Hola Deborah,

      Por fin ayer saqué un rato para leer con calma todo el artículo. Y, la verdad, no he cambiado de opinión. Lo dejas todo clarísimo, sin irte por las ramas y dando un punto de vista muy interesante. Para no variar, un artículo magnífico.

      Es muy cierto que los científicos (y me incluyo) a menudo pecamos de reduccionistas. Sí, cuando nos enamoramos, vemos un Van Gogh, escuchamos a Beethoven… somos felices porque se liberan ciertas sustancias químicas, se generan ciertos impulsos eléctricos que le dicen a nuestro cerebro que lo que estamos sintiendo es algo agradable. Pero, como bien explicas, la Ciencia explica el cómo, no el por qué. La Ciencia, por definición, es descriptiva.

      Solemos olvidar que existen otras formas de explicar las cosas. Es más, muchos a veces nos reímos de quienes tratan de explicar el mundo mediante cualquier cosa que no sea pura Ciencia. No obstante, hay mucho más.

      Hace poco leía a Sagan (El mundo y sus demonios) y disfruté muchísimo el capítulo en el que cuenta cómo Maxwell planteó sus famosas cuatro ecuaciones. Sus implicaciones en la Física (y la vida cotidiana) de hoy son incontables. Su elegancia es sublime. Y describen los campos magnéticos y eléctricos con una exactitud inimaginable. Pero, ¿por qué?

      ¿Es la Ciencia la que debe contestar esos porqués?

      Lo digo una vez más. Aunque a veces yo mismo peque de materialista. Aunque haya párrafos en los que no coincido del todo. Aunque quizás los porqués tampoco deban ser contestados por quienes tú propones. La reflexión que planteas es interesantísima. Gracias por animarte a compartirla.

      Un abrazo,

      Fer

      • Deborah García Bello says

        Muchas gracias por comentar, Fer. Creí necesario escribir sobre este otro punto de vista, aunque pueda parecer una cuestión de semántica, entre los cómos y los porqués, creo que es muy importante hacer hincapié en esta diferencia para no caer en el reduccionismo ni en el materialismo del que tantas veces se acusa a la Ciencia.
        Un gusto leerte, como siempre.
        ¡Abrazos!

    • Paco says

      No sé por qué, ni siquiera cómo, pero me ha encantado, Deborah. Será quizá porque estoy de acuerdo con lo que dices y me siento identificado con el planteamiento del artículo desde lo que yo considero un punto de vista amplio de “sentido común”. Y me gusta mucho tu estilo depuradamente sencillo y elegante.
      Gusto, acuerdo, identificación, encanto… Variantes del amor, ¿no?

    • Hardrada says

      Este tema ya lo he leido en mas sitios e incluso lo he debatido con gente cercana. Y siempre llego a la misma conclusion: por que el conocer el “como” de algo impide disfrutar de ese algo?
      Me explico, constantemente hacemos cosas contrarias a la logica o a lo que sabemos que deberiamos hacer, ¿por que? porque nos gusta: sabemos que el alcohol no es bueno, pero nos tomamos nuestras cañas. Sabemos que abusar de los dulces no nos viene nada bien, pero nos ponemos hasta arriba de tarta. Conducir nuestro coche es peligrosisimo, pero casi todos tenemos uno y lo usamos practicamente todos los dias. Y no pasa nada, nadie habla de no poder disfrutar de una cerveza porque interfiere con el normal funcionamiento del cerebro, nadie dice que ya no disfruta de las tartas porque sabe que su nivel de glucosa en sangre sube y baja rapidamente etc.
      Sin embargo si alguien dice que el amor o el enamoramiento o el cariño esta producido por señales quimicas en el cerebro, la gente empieza a desbarrar y a decir que es una atrocidad, que ya no se puede disfrutar del amor, que no se puede entender el arte etc, etc.
      ¿Cual es el problema? ¿Quiza estamos demasiado contagiados por el espiritu disney como para reconocer que el amor igual que el resto de cosas tiene un origen puramente biologico?
      Saber que el amor lo sentimos cuando se dan ciertas reacciones quimicas en el cerebro no hace que lo sintamos menos, ni siquiera hace que pensemos en su origen biologico cuando lo sentimos. Se puede explicar la causa, aunque no el efecto. Y eso es lo que diferencia las emociones del resto de cosas y por eso existe el arte. Puedes saber como te has enamorado de tu pareja (fisiologicamente hablando) pero no puedes explicar como es tu sentimiento hacia esa persona, por eso se crea la poesia, para intentar describir con palabras esa emocion, por eso se crea la pintura, porque una imagen vale mas que mil palabras.
      De momento la ciencia no explica (aunque hay aproximaciones) por que te enamoras de alguien en concreto, pero aunque llegue ese dia, da igual, te enamoraras igual, y sentiras mariposas en el estomago, y querras reir, saltar y gritarle a todo el mundo que eres la persona mas feliz del multiverso. Y seguirar emocionandote ante un cuadro o al leer un poema.
      ¿Acaso no te maravillas con un amanecer? ¿No señalas con premura al cielo y sonries mientras dices “mira, mira, mira, un arco iris!”? ¿No te quedas absorta en tus pensamientos contemplando el cielo nocturno iluminado por millones de estrellas?
      Supongo que si lo haces y eso a pesar de saber como se producen cada uno de esos fenomenos y otro muchos.
      En definitiva saber como funcionan las cosas no las hace menos reales ni menos maravillosas. Es mas, como tu bien decias la ciencia no puede ni quiere explicar el sentido de las cosas y eso, justamente eso, es lo que las convierte en prodigiosas.
      Por supuesto esta es solo mi opinion, jajajaja, lo digo porque igual parece que quiero sentar una verdad universal. Gracias por tu articulo.

    • juan says

      A mi la ciencia me parece cojonuda para tratar asuntos de enfermedades y avanzes tecnológicos, en el resto, lo digo así de claro, me parece una religión. Por ejemplo, la física, mientras experimentan y observan con su intrumental x particulas o ciertos aspectos de la supuesta realidad, que sirven para contestar, en ese marco empirista determinadas preguntas interesantes y curiosas o en la medida que sirven para alguna utilidad del ser humano, como mejorar las energías renovables, etc etc, sólo puedo agradecerles su existencia, ahora bien en el momento en el que sacan conclusiones metafísicas en plan quitarle todo el encanto y misterio al insondable cosmos, me parece una porquería. Y lo peor, que haya tanta gente que se lo crea, así sin más, sin haber pensado por su cuenta. Por ejemplo, el big bang, cuando llegan al punto inicial dicen , todo empezó de la nada, no había nada y hubo algo. Y se quedan tan anchos. Toda la física se fubdamenta en la causa y efecto, la magia no existe en la fisica. Sacar algo de la nada es magia, por lo tanto es una idea de caracter religioso. Este ejemplo lo pongo para dar a entender que los científicos están contaminados de vanidad prejuicios en todo lo que investigan, así pues, que te voy a decir del amor. No tienen ni la más mínima idea de lo que hablan, porque el amor es concepto demasiado general para ser encasillado. El lenguaje también ea muy importante en la ciencia. Quizá por eso, en oriente, investigan la naturaleza de otra manera. Gracias por el artículo. Hacen falta artículos como este para pensar más alla de nuestra propia casa.

      • Deborah García Bello says

        Muchísimas gracias por compartir tu reflexión, Juan.

    • Basilio says

      El Amor y la Ciencia
      En un blog de divulgación de cuyo nombre -Dimetilsulfuro- creo acordarme, no ha mucho que leí un artículo sobre el Amor y la Ciencia. Así, con mayúsculas, que no son éstos temas de quítate ahí esas pajas.
      En las últimas décadas la ciencia se ha desbocado: nos bombardea de continuo con neandertales y nanotubos, con genomas y planetas, con bosones y gravitondas. Los científicos creen que lo pueden explicar todo, desde el olor a tierra recién llovida hasta lo que es el amor.
      Algunos científicos y divulgadores, como Stephen Jay Gould por ejemplo, dicen con claridad que no. Que hasta ahí podíamos llegar. Que hay competencias o magisterios separados: Que la ciencia sólo puede explicar el cómo y no el porqué o el para qué y sólo el cómo del mundo físico. Que temas como la belleza o la emoción son competencia del arte; y los otros temas, como el sentido de la vida y de la muerte o qué son el bien y el mal o la ética y la moral, ésos, los realmente importantes, ésos son competencia exclusiva de la religión.
      ¿Y la europea?
      Perdón, quiero decir, ¿Y el amor?
      El amor es quizá la emoción más compleja. El amor es el deseo y el enamoramiento, es la ternura y el sentir que cuando recuerdas sus ojos los boliches de colores vuelan bajo tu ombligo y el pecho te revienta de sonrisas. No podemos reducir esto- ¿he oído reduccionismo? Cada vez que oigo esa palabra me siento como Woody Allen con Wagner, me entran ganas de invadir Polonia, que por otra parte es un país empapado en religión– que digo, ¡que no!, ¡que no podemos reducir el amor a ecuaciones diferenciales o funciones de onda, ni siquiera a potenciales de membrana o a liberación de oxitocinas!
      La verdadera reducción no la hace el científico, la hace quien considera que la ciencia se reduce a la física, la química o la biología. Porque en realidad la ciencia es mucho más que eso. La ciencia es el intento falsable de explicar todo lo que existe basado en evidencias. El arte es una narración original –con palabras o colores o imágenes o formas o sonidos- que intenta despertar emociones. La religión es una explicación infalsable de todo lo que existe y lo que no, basada en un relato. Por eso el arte no puede explicar nada; lo que puede hacer es despertar emociones. Y la religión tampoco, porque lo que intenta es encauzar los pensamientos lícitos y las lícitas emociones. No dejarlos desbocarse. Permitir solo unos pensamiento, unas emociones o unos amores.
      El arte y la ciencia no son incompatibles. Las emociones no se emborronan o empobrecen por el conocimiento, se hacen más vivas. Si profundizo en una obra de Mozart o Bach, si la estudio, si la entiendo, la disfruto más, me hace sentir infinitamente más emoción. Walt Whitman pensaba que la ciencia estropeaba la poesía de un cielo estrellado. Se nota que Walt no sabía astrofísica. Porque el asombro y el misterio del poeta se torna en vértigo y en un huracán de emociones al descubrir que esa esfera de puntitos blancos, ordenados, misteriosos y fríos son en realidad mundos descomunales, caóticos y violentos, que se esconden en profundidades abismales, que estallan en infiernos y explotan, y se extienden hasta más allá del infinito y desde un siempre tan lejano y hasta un nunca tan eterno que nadie logrará evocar.
      La religión y la ciencia son incompatibles. No son magisterios separados. La ciencia siempre se replantea a sí misma, siempre está dispuesta a rebatirse y a enmendarse a la luz de la evidencia. La religión, al contrario, no busca respuestas, pues ya tiene las respuestas a todas las preguntas. No se enmienda, ni corrige, ni progresa. No busca, se extasía. Por eso la religión no nos puede ayudar a entender cuál es el sentido de la vida ni qué significa el amor.
      La Neurociencia y la Psicología, que son ciencias, están empezando a explicar las emociones. Los neurocientíficos y psicólogos modernos están descubriendo el porqué y el cómo del amor. Su origen como apego a la cría y a la pareja, y como altruismo para beneficiarnos a nosotros al beneficiar al próximo. Antonio Damasio, por ejemplo, ha descubierto que el amor, como todas las emociones, es una forma de representar físicamente, en el estado del cuerpo, un sentimiento. Así, cuando tenemos miedo aumenta nuestro ritmo cardiaco y segregamos adrenalina para disponernos a escapar. Pero es más, cuando en cualquier ocasión nuestro cerebro al analizar el estado del cuerpo, descubre el pulso acelerado sabe que estamos sintiendo miedo. Usamos el estado del cuerpo –las emociones- para archivar los sentimientos. Igual pasa con la vergüenza o, claro, con el amor.
      Basta con leer a Antonio Damasio, Joshua Greene, Steven Pinker o Sam Harris para descubrir que la ciencia puede llegar a explicar la ética y el sentido de la vida y el olor a pan recién hecho y los boliches de colores que vuelan bajo mi ombligo y las sonrisas que me revientan el pecho, cada vez que veo tus ojos. ¿O es al revés? Quizá lo que tienen que explicar es por qué cuando te ensueño, querida mía, cada vez que rememoro tu ombligo o tus pechos, los boliches de colores se escapan volando de mis ojos y me dejan repleto de sonrisa.

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