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Las pretensiones de la Ciencia

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He notado que en los enfrentamientos que surgen entre la Ciencia y las pseudociencias se repite un argumento en contra de la Ciencia que se basa en una de las cualidades que precisamente tantas veces criticamos de las pseudociencias: el dogmatismo. También a la hora de defender o dar la razón a la Ciencia ésta se suele elevar a Verdad categórica, con lo que esa imagen deformada de Ciencia todopoderosa se subraya.

He llegado a la conclusión de que las pretensiones de la Ciencia, es decir, a qué aspira la Ciencia, a qué preguntas da respuesta, no están del todo claras. Personas cercanas a la Ciencia tienen una imagen distorsionada y grandilocuente de la Ciencia, e incluso personas de la comunidad científica también tienen unas ideas similares o, al menos, es la impresión que dan –o que damos- a veces sin darnos cuenta dando por hecho que todo el mundo sabe qué es la Ciencia y cuáles son sus métodos.

Para entender por qué sucede todo esto, cómo evoluciona la imagen que tenemos de la Ciencia y cuáles son sus verdaderas pretensiones voy a contar un poco de mi historia.

La razón más poderosa que me llevó a estudiar la carrera de Química es que quería entender por qué este universo era como era. Saber el porqué, el porqué absoluto y rotundo de todo. Creía que ese porqué mayúsculo daría respuesta a las cuestiones vitales y que la Ciencia me ofrecería la solución a toda la vorágine de enigmas que se me planteaban.

Había oído que la Ciencia era capaz de negar a Dios, de convertir el Amor y la Muerte en cuestiones materialistas. Me daba miedo enfrentarme a una realidad que asomaba terriblemente fría, pero quería saber.

Por otra parte recuerdo cómo en mis años de instituto, tanto a mí como a mis compañeros, nos resultaba incoherente que nuestro profesor de Ciencias dijese cosas como «esto es así porque dios ha querido y si fuese de otra manera la Ciencia también podría explicarlo».

Un científico que nombra a dios es algo que suele crear confusión, por lo mismo que me ocurrió a mí, porque había oído que la Ciencia podía negarlo, que eran dos entidades que se anulaban, que dios era la fantasía y que la Ciencia era la Verdad. Esta ingenua idea es extrapolable a todas las cuestiones vitales, pudiendo parecer que todas ellas se derrumban bajo el peso de la Verdad que ofrece la Ciencia.

Así empecé la carrera, dudando sobre estas cosas, con la idea de que la Ciencia sí tenía la capacidad de ofrecerme respuestas concluyentes. Con diecisiete años esa era mi percepción y la de las personas de mi quinta que me rodeaban, así que es fácil pensar que la gente que no continuó aprendiendo Ciencia se quedase atascada en esa visión materialista y pomposa de la Ciencia. Desgraciadamente esa impresión es la que persiste en el ideario colectivo, por eso entiendo que se nos tache de radicales y dogmáticos, porque si la Ciencia fuese así, si ofreciese respuesta a las cuestiones vitales, efectivamente sería un dogma.

A medida que fui avanzando en la carrera de Química me fui dando cuenta de que los porqués continuaban ahí, que se habían hecho más sofisticados a causa de la madurez y del aprendizaje, pero no se habían resuelto ni nada indicaba que fuesen a resolverse en el futuro. Con el paso de los años me fui percatando de que todo lo que estaba aprendiendo de la Ciencia era en esencia descriptivo: la Ciencia describe los hechos, cómo es la materia, cómo se comporta, de una forma elegantísima y minuciosa que incluso nos permite hacer predicciones y diseñar experiencias para establecer nuevas y mejoradas descripciones de la realidad. La Ciencia no contestaba a mis porqués más profundos, sino que contestaba exclusivamente los cómos.

Darme cuenta de esto fue revelador. No es que yo no encontrase la respuesta a los porqués, o que la Ciencia no hubiese llegado todavía a ella, es que la Ciencia ni siquiera pretende dar respuesta a los porqués, no es su cometido. Por este motivo la Ciencia está, por definición, muy alejada del dogmatismo. La Ciencia es prudente, no pretende dar respuesta a los porqués, sino a los cómos. Esta es la verdadera pretensión de la Ciencia y todo lo demás, a mi entender, se queda fuera, son opiniones y actitudes incautas que no tienen cabida en esta definición y que dañan gravemente la imagen de la Ciencia, convirtiéndola en un dogma, en una Verdad que no es ni pretende ser. En Ciencia, cuando hablamos de «verdad», jamás lo hacemos con la imprudencia de las mayúsculas.

Cuando defiendo la Ciencia de la pseudociencia no lo hago de la mano de la Verdad, sino que lo hago de la mano de su método. En Ciencia tenemos algo tremendamente valioso que es la forma en la que llegamos al conocimiento. Esta forma es el «método científico». El método científico consiste en la observación sistemática, medición, experimentación, formulación, análisis y modificación de hipótesis, siempre sujetas a dos grandes pilares: la «reproducibilidad» y la «falsabilidad».

La «reproducibilidad» es la capacidad de repetir un determinado experimento, en cualquier lugar y por cualquier persona, es decir, los resultados de un experimento llevado a cabo por un investigador son evaluados por otros investigadores independientes reproduciendo el experimento original y comprobando si efectivamente ofrece los mismos resultados.

La «falsabilidad» es la condición de que toda proposición científica tiene que ser susceptible de ser falsada, es decir, que se podrían diseñar experimentos que en el caso de dar resultados distintos a los predichos, negarían la hipótesis puesta a prueba. Esta condición es una actitud de la Ciencia, ya que toda teoría será rechazada si hay pruebas que corroboren lo contrario de lo que asegura esa teoría.

La historia nos ha enseñado que el método científico no nos conduce a verdades incontestables, que teorías que tuvimos por ciertas durante mucho tiempo han sido rechazadas, corregidas o matizadas. Lejos de ser una condena irreparable, lo cierto es que esta es una de sus grandes virtudes: la Ciencia avanza y en su devenir se corrige. Por este motivo el método científico no es infalible, pero es lo mejor que tenemos para alcanzar el conocimiento.

El método científico nos permite garantizar, con el margen de error más pequeño posible, que una afirmación sea cierta, que una sustancia sea segura, o que una predicción sea coherente. No existe ningún otro método, tan riguroso, sistematizado y controlado, que nos permita minimizar tanto la posibilidad de error.

Cuando se habla de pseudociencias nos referimos a afirmaciones que se asemejan a las científicas pero que no han sido establecidas a través del método científico, es decir, que no son falsables ni reproducibles, que se basan en opiniones o creencias que no pueden comprobarse experimentalmente, de las que no existen pruebas suficientes, o que estas no son ni fiables ni contrastables.  Por su apariencia es fácil caer en el error de tomarlas por ciertas, incluso de pensar que se han comprobado suficientemente, pero si no siguen el método científico el riesgo de error es inmensamente elevado. Cuando afirmamos que algo no es científico aunque lo parezca nos referimos a esto, no es una lucha entre qué es la Verdad y qué no lo es, no es una lucha de poder, no es una lucha entre dogmas, sino que se trata de una forma de señalar cuál es el método que debe seguirse para poder discutir la probabilidad de veracidad o falsedad de una afirmación.

Lo virtuoso de la Ciencia es que lo que ahora tomamos por cierto, sólo es cierto por ahora. En el pasado hemos dado por ciertas muchas cosas que ahora interpretamos de manera totalmente diferente, y sabemos que en el futuro iremos perfilando las certezas actuales, que esta sucesión de correcciones es interminable y maravillosa, que la Ciencia es un camino que vamos lustrando. Lo indiscutible es que los hechos no cambian, sólo la descripción que a través de la Ciencia hacemos de ellos. Aunque reescribiésemos la ley de la gravedad no dejarían de caerse las manzanas al suelo, o como diría mi profesor: el hecho seguirá siendo el mismo –mientras dios quiera que siga siendo así- por mucho que nosotros lo describamos de diferente manera.

Hay que ser muy cuidadosos a la hora de interpretar que las certezas de la Ciencia son cambiantes, pues resulta fácil caer en la tentación de ponerlo todo en duda y dar la misma credibilidad a las afirmaciones de la Ciencia que a las de las pseudociencias. Las certezas de la Ciencia merecen confianza y las de las pseudociencias no, por una razón importantísima: el método por el que se llegó a una certeza científica es el más sólido que tenemos.

Evidentemente hay cosas que la Ciencia ni ha podido ni pretende explicar, y es bueno que sea así, que la Ciencia no cometa la imprudencia de aventurarse a conjeturar sobre cuestiones para las que no está preparada ni diseñada. En cambio sí hay muchas cosas que sí sabemos cómo son, con un grado de detalle, de consenso y de fiabilidad elevadísimos. Por eso podemos utilizar esos conocimientos científicos para rechazar las afirmaciones vertidas por las pseudociencias que no se correspondan con las evidencias que tenemos.

Lo dañino para la imagen que damos de la Ciencia es mostrarla como algo todopoderoso, con carácter de Verdad. Debemos ser conscientes de que ese es el prejuicio con el que muchas personas se acercan a la Ciencia, yo misma lo creía cuando era más joven, y es tan pernicioso creer que la Ciencia lo puede y lo pretende todo, como tener fe en cualquier dogma.

Desgraciadamente existe una minoría de científicos y personas afines a la Ciencia que se muestran dogmáticas, que hablan de la Ciencia como respuesta a los porqués, que viven embriagados en la simpleza de creerse poseedores de la Verdad. Que son tan osados como para hablar de Dios, de la Muerte o del Amor a través del prisma único de la Ciencia, cuyas afirmaciones tantas veces sucumben a los focos y se convierten en espectáculo. Estos científicos no son científicos, son iguales que las personas a las que llaman peyorativamente «creyentes». Estas actitudes no representan a la Ciencia, no son coherentes con lo que verdaderamente la Ciencia ofrece y pretende.

Cada vez que surge un debate entre la Ciencia y las pseudociencias los científicos tenemos que luchar contra esa imagen de dogmáticosaka llamados «ciencinazis» o «talibanes de la Ciencia»- con el que estas personas nos han lastrado. Es una tarea cansada y para mí dificilísima de abordar, porque cualquier matiz que pueda interpretarse como dogmático es entendido como tal y logra ensombrecer todo lo que se haya dicho.

Esto me ha pasado tantas veces que he visto necesario plasmar por escrito cuáles son las pretensiones de la Ciencia, que la Ciencia no es la Verdad ni lo pretende, que la Ciencia es prudente; y que todo aquel «científico» que coloque a la Ciencia en el pedestal del conocimiento absoluto es que no ha entendido nada.  

– Ilustración realizada por Tamara Feijoo Cid

– Lecturas recomendadas relacionadas con este tema:

Las teorías científicas no son falsables. César Tomé. Cuaderno de Cultura Científica, 2013. 

Fraude científico. (Serie completa) Joaquín Sevilla. Cuaderno de Cultura Científica, 2015. 

No todos los cuervos son negros. Miguel A. Schmucke P. Letralia Nº 146, 2003. 

Ni las teorías científicas son falsables, ni existe el método científico. César Tomé. Naukas, 2014. 

No idealicemos a los científicos. Ana Ribera. Cuaderno de Cultura Científica, 2015 

    12 comentarios en "Las pretensiones de la Ciencia"

    • Jesús says

      Buen artículo. Y como dijo Isaac Asimov:

      “Examinen fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. Y, ¿qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!”

    • José Francisco Navarro says

      Muy buen artículo. Y totalmente de acuerdo en todos tus planteamientos.

      Un saludo

    • Marisa Castiñeira says

      La Ciencia es prudente, es duda, ……alejada del dogma y pedestales…
      Me gustas Deborah
      Me recuerda a una definición de Ciencia que leí y que me gustó “La ciencia al contrario de la religión que está basada en dogmas, está basada en verdades provisionales que se confirman o se refutan en el siguiente experimento, por eso es muy raro que alguien se queme a lo bonzo por una caricatura de Newton”

    • Juan Pablo says

      Me encantó! Aclara muchísimos conceptos que todos deberíamos entender. A favoritos para una segunda lectura jaja

      Saludos!

    • Sergio Montañez says

      Hola Deborah
      Te felicito por el artículo. Últimamente la divulgación/lucha contra pseudociencias en este país estaba cogiendo un tono peligroso y tú aclaras algunas cosas que eran necesarias.
      Yo añadiría un par de comentarios para no simplificar demasiado, ya que muchos pensadores han ido más allá del análisis no demasiado profundo que planteas:
      -sabemos desde Polanyi, Koiré, Kuhn, etc, que la afirmación “Lo indiscutible es que los hechos no cambian, sólo la descripción que a través de la Ciencia hacemos de ellos” no es del todo correcta. Los cambios de paradigma implican que los científicos pasan a vivir en mundos distintos, es decir, los hechos, que son enunciados de los estados de las cosas y de sus cambios, cambian.
      -tampoco se puede decir que haya un método ahistórico y universal que caracteriza a la ciencia. Éste es dinámico, y la historia de la ciencia nos dice que, aunque hay que intentar ser falsacionista, la ciencia no lo es, porque es imposible serlo. Las nuevas teorías siempre están, incialmente en desventaja frente a sus competidoras, y hace falta científicos con cierta fe en ellas para desarrollarlas y que puedan triunfar. Además, está la tesis de Duhen-Quinn
      -la ciencia no es sólo descriptiva. Si lo fuera sería aburridísima y progresaría con lentitud. El conocimiento científico que tenemos, más que describir el mundo, nos dice las relaciones e implicaciones entre principios, leyes y hechos, cómo, con unos pocos elementos, podemos explicar toda la multiplicidad que hay el mundo. Eso es mucho más que “describir”.
      Con el resto estoy de acuerdo.

    • Manuel says

      Gracias por volcarte y vaciarte para nosotros. Como de costumbre, los que nos situamos en el medio soportamos extremistas de ambos bandos.
      La ciencia es, con mucho, lo más importante que hemos creado la humanidad, aunque ya sabes que es discutible que podamos crear algo, en realidad nos limitamos a descubrirlo.
      Lo único que queda por hacer es humanizarla, la potencia sin control nos destruirá, y las pseudociencias tienen mucho de humano. Las practico a mi manera, pero no es posible resumirlas en este soporte.
      Un abrazo y gracias de nuevo.

    • zet1 says

      Un comentario:

      La idea de que la ciencia es falsación es lógica pero en la realidad simplemente no se ajusta. Hoy en día no se ha abandonado el inductivismo (que fue el por qué Popper lo criticó en tanto a la creencia de auto confirmación de hechos y negación de elementos negativos), el falsacionismo ingenuo no es histórico, es una petición de principio que se muerde su propia cola.
      Otra idea errónea es está de lo que es seudociencia (cosa que varia bastante entre autores):

      “No han sido establecidas a través del método científico, es decir, que no son falsables ni reproducibles, que se basan en opiniones o creencias que no pueden comprobarse experimentalmente, de las que no existen pruebas suficientes”

      Si esta definición se aplicara estrictamente a lo que se considera en los medios como la ciencia, entonces nos veríamos en el embrollo de descartar varios asuntos. 1) La crisis de la reproducibilidad está más patente en ciencias experimentales, sean física hasta medicina, 2) la idea de que debe haber pruebas suficientes es insostenible porque si la ciencia se define como cuantificable (aunque no pocas veces sea cualitativa también) entonces se esperaría que diera un valor aproximado de cuánto es una prueba suficiente para decir aquí tenemos ciencia. Como no lo tienen, entonces la linea se vuelve difusa.
      Ahora, no digo que no haya cosas que no puedan someterse a experimentación pero otras que se tachan de “pseudociencia” tienen cosas falsables y han sido sometidas al tamiz del método científico incluso algunas cosas han sido reproducibles, y digo algunas no todas. Que hay cosas reproducibles no lo niego pero primero hacerse una auto critica no vendría mal, mucha de la ciencia que llaman ortodoxa ni siquiera es reproducible y no pocas veces está plagada de fraudes en artículos plagiados, experimentos que aparentemente confirmaban el anterior y luego que no, y otros tantos que algunos de los “ciencinazis” (en realidad se les conoce como seudoescepticos o el lobby de la seudo divulgación) omiten alegando que esos errores no pertenecen a la ciencia, con lo que caen en una falacia del escocés del verdadero.
      Otro detalle es que nadie se pone de acuerdo en qué es la ciencia y qué la seudociencia.

    • Si eres creyente no puedes ser cientifico, es algo totalmente incompatible. Y que hace ir por caminos mentales ilógicos por el propio fanatismo religioso… Creer que algo puede ser verdad sólo porque uno quiere, sin más… Y eso infecta a los que se creen científicos, como los que se creen científicos alternativos, como los que directamente son acientíficos… Por vivir en una sociedad cristiana. La ciencia es la verdad absoluta, la busqueda de esa verdad. Que estés equivocado no significa que esa verdad no exista, simplemente tu no la conoces. No hay verdad más próxima a la realidad que la ciencia. Los métodos son irrelevantes cuando hablamos de logica. Que el método usado sea impreciso no significa que esa verdad siga sin existir o que eso de pie a fantasias, magias y dioses. No, eso no existe, eso es disonancia cognitiva creada por el fanatismo religioso y pensar con los genitales. Que tu seas incapaz de conocer la respuesta a algo, o de entender la logica que subyace en algo tampoco implica que no exista. Debemos descartar esa egomania cristiana en la que nos creemos dios en si mismo para poder entender esa simple verdad. Todo lo que existe es logico y por tanto, entendible, medible y verificable. El universo es determinista y la magia irracional no es mas que una enfermedad mental. Y no, la moral no es personal, tambien es acotable, estudiable y categorizable. Pensar lo contrario es mas egoísmo sectario intentando dar por validas cosas irracionales que no existen… Ordenen sus mentes señores… Y no, la racionalidad no es fría, ni inmoral. Eso es otra infección cristiana utilizada para desprestigiar a la logica y la verdad en favor de la religión. Es lo que pasa sobretodo si estudias en una universidad católica, que no eres cientifico, eres cura. Y si, la ciencia es un dogma porque la logica es indiscutible y no se puede negar. Que los científicos sean unos inútiles, es otro tema distinto. Mas prejuicios cristianos sobre esto. Si no sabemos diferenciar las cosas distintas y equiparar las cosas iguales poco vamos a entender de ciencia. Los comos y los por qué son exactamente lo mismo, El porque viene por un como. Otra infección cristiana. Las opiniones solo son formas distintas de contar mentiras, no son ciencia, ni verdad. Volvemos a confundir la cosas, que los científicos no sean infalibles no significa que la ciencia en si no sea infalible, lo es, pero la teoria del cientifico no lo es. Son cosas distintas. Y si, es una lucha de que es verdad y que no, que haya errores por los científicos no da pie a que cualquier mierda estupida de locos sea equiparable a la ciencia que es lo que pretenden los fanaticos. Si eres capaz de demostrar que esa verdad es falsa entonces vale, pero que el hecho de que alguna vez alguien se haya equivocado, una persona, un humano, es absurdo y lleno de prejuicios cristianos equiparar una cosa con la otra y que eso a su vez de pie a la locura absurda del todo vale porque mi pene lo dice… Eso ni mucho menos es equiparable al fanatismo religioso, el cual no es dogma porque no es verdad, es locura, es irracionalidad, es fe, es egoísmo, es pensamiento genital. Y ya te descubres al hablar de dios, el amor y la muerte como algo que la ciencia no ha demostrado ya… Lo dicho, fanatismo religioso de gente incapaz de aceptar que Dios no existe, que el amor no es mágico sino químico y que la muerte solo es una consecuencia de una disfuncion corporal. Elimina ese fanatismo religioso, esa disonancia cognitiva, esa enfermedad mental o jamas podrás ser cientifico, simplemente serás un cura con bata blanca incapaz de buscar si quiera las respuestas a las cosas, ni mucho menos encontrarlas. Si para ti la ciencia no es la verdad, dedícate a rezar y deja a los científicos reales trabajar porque quien no entendió nada fuiste tú…

    • Emilio Molina says

      Siempre he sido un entusiasta de la Ciencia, pero sólo desde hace unos años he empezado el tortuoso (y perpetuo) camino de “deconstrucción” de muchos de los pilares que, al igual que muchos, creía que sustentaban la misma. En ese viaje (en el que gente como César Tomé me han conseguido dinamitar hasta las premisas más básicas, como las de falsabilidad o reproducibilidad), he acabado llegando varias veces a la convergencia de lo que Richard Feynman entendía como lo más importante en la Ciencia: la honestidad. En el recomendabilísimo “¿Está usted de broma, Señor Feynman?” se encuentran perlas como:

      «Ahora bien, sí hay un rasgo peculiar de la ciencia cuya ausencia observo
      por lo general en la cargociencia. Se trata de una idea que todos confiamos hayan adquirido al estudiar ciencias en la escuela. Nunca se dice explícitamente en qué consiste; esperamos más bien que ustedes la capten merced a todos los ejemplos de investigación científica. Así pues, puede ser
      interesante sacarla a colación aquí y hablar explícitamente de ella. Es una especie de integridad científica, un principio de pensamiento científico que equivale a una especie de probidad a ultranza, algo así como querer refutar lo hecho. Por ejemplo, si estamos realizando un experimento, deberíamos dar cuenta no sólo de lo que nos parece que tiene de correcto, sino de todos los aspectos que a nuestro juicio podrían invalidarlo: otras causas que podrían explicar los resultados obtenidos; cosas que uno piensa han quedado descartadas por otros experimentos, y cómo funcionaron éstos; todo lo que garantice que los demás puedan saber qué es lo que se ha descartado.
      Si uno los conoce, deben darse los detalles que pudieran hacer dudar de la interpretación propia.
      Se debe hacer el máximo esfuerzo para explicar lo que no encaja, o pudiera no encajar. Por ejemplo, si uno elabora una teoría y la da a conocer, o la publica, se deben dar a conocer los hechos relevantes que discrepan de ella, y no sólo los que converjan. Existe además un problema más sutil. Cuando uno ha reunido y ensamblado un montón de ideas y confeccionado con ellas una
      teoría, al explicar qué cosas encajan en ella es necesario asegurarse de que las cosas que encajan no sean meramente aquellas que nos dieron la idea para la teoría; hace falta además que la teoría recién acuñada haga salir a la luz cosas nuevas.
      En resumen, la idea consiste en esforzarse en dar la totalidad de la información para que los demás puedan juzgar con facilidad el valor de la aportación, y no en dar solamente información que oriente el juicio en una u otra dirección.
      […]Por experiencia, hemos aprendido muchísimo acerca de cómo ir eliminando algunas de las formas que tenemos de engañarnos a nosotros mismos[…]. Pero esta larga historia de aprender a no engañarnos a nosotros mismos —de integridad científica a ultranza— es algo que, siento decirlo, no hemos incluido específicamente en ningún curso concreto del que yo tenga noticia. Nos limitamos a confiar en que sea adquirida por ósmosis.
      El primer principio es que uno no debe engañarse a sí mismo; y uno mismo es la persona más fácil de engañar. Es preciso, pues, tener en esto el máximo cuidado.
      Una vez que uno no se ha engañado a sí mismo, no engañar a los demás científicos es una cosa fácil. A partir de ahí basta ser honesto de la forma convencional.»

      Creo que mi resumen de qué es la Ciencia sería una paráfrasis del dicho “Se puede engañar a alguien todo el tiempo, y se puede engañar a todo el mundo durante un tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”, donde el método científico supone simplemente unas reglas de juego para minimizar el autoengaño y el engaño, agilizando la obtención de nuevo conocimiento en nuestra constante indagación del cosmos.

    • Rawandi says

      El método científico (razón + observación) es utilizado tanto por la ciencia (también llamada filosofía natural) como por la ética (también llamada filosofía moral).

      La pseudociencia y la religión prescinden del método científico porque, a diferencia de la ciencia y de la ética, no buscan conocer sino consolar mediante supercherías. Los timos pseudocientíficos y los timos religiosos se solapan con mucha frecuencia.

    • link says

      Las observaciones del presente nos ayudan a considerar las posibles causas de los eventos del pasado, tales como la formacion del gran canon. Pero la ciencia operacional no nos puede decir con certeza que paso en realidad en el pasado.

    • Raul says

      Excelente artículo. Aqui, otro científico ( Química Orgánica), que es de los que está en el medio y por supuesto nos dan los de ambos lados. Los ciéntificos oficialistas, quienes por actitud, harían un gran papel en tribunales inquisitoriales del siglo XV y XVI y los pseudociéntificos y ecologístas talibanes, que muestran igual actitud terrorista. Los primeros porque perseguirán con saña y tenacidad cualquier cosa que salga de la linea oficial, incluso pidiendo inhabilitaciones profesionales y tratando de crear el terror en los discrepantes de la praxis oficial , y por otro los que ven en las ciencias y en los científicos y en general a cualquier ser que se atreva a discrepar de sus postulados , alguien a quien hay que perseguir, boicotear etc empleando cualquier método. Dos caras de la misma moneda. Por un lado la ciencia y sus ciéntificos, entre los que me incluyo aunque con una visión bien diferente de su “ciencia oficial” Tomo este excelente extracto de un artículo internet d
      Los talibanes de la Ciencia
      Ángel Ruiz Cediel
      Redacción

      “La Ciencia nació para explicar la existencia y el universo sin precisar recurrir a Dios o a la fe y huyendo del fanatismo religioso imperante que solía hacer chicharrón con quienes contradecían sus postulados; sin embargo, la Ciencia se ha convertido a su vez en aquello que tanto odiaba, y es ya, si no una religión, lo más parecido que podría llegar a serlo” : “La Ciencia creó su método infalible, pero siempre ha fracasado en casi todos sus principios. Es más, no hay ni uno que haya soportado el paso del tiempo, y siempre ha terminado por llegar un científico osado, al menos lo bastante como para mantenerse en sus trece y soportar las persecuciones de los oficialistas, que ha desdicho lo que se tenía por dogma científico. Ahí tenemos a Copérnico, a Newton y a tantísimos otros cuya relación somera es imposible”
      Por otro lado los talibanes ecologistas que persiguen boicotean y ponene como diabólica cualquier cosa que se salga de sus postulados :
      decian en un blog que cito ” Creo, sinceramente, que a esta gente le ha pasado lo que a Greenpeace. El motivo de su lucha probablemente sería noble en un principio. Pero tras años de hacerlo, éste se ha pervertido, se ha corrompido. Y se ha perdido el objetivo y el modo de hacerlo. Se han convertido en fanáticos, en ciegos, en agentes de la superstición y negadores de la razón. Y al hacer esto, han perdido toda la razón que podrían tener. ” (http://cientificoindignado.blogspot.com.es/2015/05/talibanes-de-la-estupidez.html)

      Y esto a cuenta, de que como quimico orgánico, estoy interesado en la quimica de los compuestos biosintetizados por las plantas, en extracción, su aislamiento y caracterización y también y aqui está el problema, en la aplicación de muchos de ellos con distintos fines terapeúticos. Para lo primero, se emplean técnicas perfectamente establecidas como el arrastre en corriente de vapor a vacío..cromatografia preparativa etc. Estos extractos son llamados aceites esenciales, que poseen unas matrices quimicas complejísimas y entre los muchos compuestos que podemos hallar, hay muchos con distintas actividades entre otras, bactericidas, fungicidas, antiinflamatorias etc etc.
      . No quiero entrar en detalles para no aburrir al lector, pero se me ocurrió en mala hora, subir un artículo escrito por mi a una red social, ( que yo llamaría antisocial, en la sección de cultura y ciencia). Bien, al minuto 1 y sin que hubiese habido tiempo paraque nadie hubiera leido absolutamente nada por parte de los muchos “cientificos” que habia ahí, fui acusado de ” magufo” ( por cierto, palabra que no existe en el diccionario de la RAE) y que descubri que era un apelativo despectivo que los oficialistas aplican a aquellos que ellos consideran que se salen del redil del método científico ( me gustaria saber si lo conocen en realidad por que os aseguro que yo si). Todo porque se me ocurrió emplear la palabra tabú ” Aromaterapia”. Los muy talibanes y además de ignorantes no tenian ni la menor idea del significado de la palabra , piensan que se refiere a tratamientos con “aromas”. Cuando intenté explicarles que es la aplicación medica de los aceites esenciales perfectamente quimiotipados, y que existen numerosas publicaciones científicas al respecto, descalificaban las mismas, descalificaban a las universidades, descalificaban a los autores y a todo el mundo. Llegue a leer animaladas ed tal calibre como que en universidades tan serias como Cambridge y Oxford, se impartian estos estudios porque se buscaba financiación.
      Da igual lo que uno pueda arguir…resultas quemado en su hoguera oficialista. Y los del otro lado, tambien me quieren quemar, porque dicen que mis métodos de aislamiento de estos productos, son “quimica”. Los muy analfabetos, desconocen que todo en ellos, es también quimica. Una verdadera pena. Lo de buscar la verdad, siempre ha sido bastante poco rentable. Saludos y felicitaciones por tu artículo Deborah.

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