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Dichosos los rockstars de la divulgación

Imagen: Hellocomputer

Influir o influenciar significa ‘tener algún efecto sobre algo’. Así, los influentes (de la voz inglesa influencers) son quienes influyen o gozan de mucha influencia. En divulgación científica hay influencers. Cuentan con miles de seguidores que tienen en consideración lo que dicen. Por lo que dicen y, sobre todo, por cómo lo dicen.

Hay quien usa la denominación influencer con retranca, la mayoría. Con influencer se refieren a quienes gozan de audiencia inmerecida, que crean contenidos frívolos o sin enjundia. Sin embargo, ser influente conlleva, por definición, gozar de audiencia. Y lo que se pretende en divulgación científica, como en cualquier ámbito de la comunicación, es tener audiencia.

  • La importancia de la forma y el fondo

Si la forma o el fondo fallan, falla la comunicación. Si hay información de calidad, pero la forma falla, esa información no llega. Por el contrario, si la forma es buena, resulta atractiva, pero el fondo falla porque la información no es de calidad, no es comunicación, como mucho es propaganda.

A menudo se critica que la divulgación científica cae en la trivialización. Es lo que por ejemplo se critica de los hilos de Twitter o de los posts de Instagram. Hoy en día son dos fórmulas muy empleadas en comunicación científica en redes sociales. Sin embargo, hacer un buen hilo o post, y que este genere audiencia requiere pericia y conocimiento. Tienes un espacio muy acotado, te diriges a un grupo de población muy concreto, y tienes que jugar con las fórmulas que funcionan en cada red social. Si fuese tan fácil crear este tipo de contenido y tener éxito, cualquiera conseguiría audiencia y no es así.

Efectivamente los hilos y los posts son formas simplificadas de hacer divulgación científica. No simples, simplificadas. Por eso la mayor parte de los profesionales de la divulgación científica creamos estos contenidos a partir de un artículo que trata el mismo tema con mayor profundidad. O de un mismo artículo se hacen varios hilos y varios posts. Se pueden entender como píldoras de divulgación científica contemporáneas.

Quien tilda a los hilos y posts de banalidades recuerda a quien hace años tildaba de banalización a la propia divulgación científica. Todas las redes sociales pueden ser útiles para divulgar la ciencia. Para sacarles partido hay que acertar tanto con el fondo como con la forma.

Esto aplica a cualquier otra plataforma en la que se pretende hacer divulgación científica. Ya sea la prensa, ya sea la televisión o la radio. La forma se adapta al medio. No toda la televisión es telebasura, ni todo lo que se publica en prensa es propaganda política, ni todo lo que se publica en redes sociales es postureo. En cualquier medio se puede hacer divulgación científica de calidad.

  • La importancia del mensaje y el mensajero

El mensajero es parte fundamental de la forma. Hay contenidos que se consumen solo por quién los firma. De la misma manera que decidimos ver una película por su director, o leer un libro por su autor, ocurre lo mismo con la divulgación científica.

En este punto es muy importante la diferencia entre información, conocimiento y opinión. La información la podemos encontrar en un manual, en un libro de texto o en un artículo científico. Lo que se demanda en divulgación científica es el conocimiento y, en cierta medida, la opinión.

El conocimiento es aquello que construimos enlazando información. Quien sabe enlazar información de una manera interesante y original está generando conocimiento. Los datos son solo datos, lo que se construye a partir de ellos es lo que resulta interesante para la divulgación científica. Cómo se cuenta lo que se cuenta es lo que define la voz de un comunicador.

Es natural que también se demande la opinión de un divulgador científico, además del conocimiento. Influye en que nos interesemos por un mensajero y no por otro. La opinión es una forma de compromiso, es adoptar una postura con respecto a lo que se está divulgando. Es la parte más delicada y por tanto de las más valerosas del trabajo de divulgador científico.

Opinión es una palabra que, como influencer, se ha pervertido. Opinar es valorar, es emitir un juicio o valoración. Hay opiniones construidas a partir de la información y el conocimiento, y otras que no. Si vamos al médico para que nos trate una enfermedad, esperamos su opinión. Si nos resulta insuficiente, pedimos una segunda opinión. En ese contexto la palabra opinión es valiosa. De ella se desprende que un médico cuenta con el respaldo de la información y del conocimiento. Ocurre lo mismo con el resto de formas de conocimiento, entre ellas la ciencia. Claro que es interesante la opinión de un científico acerca de un tema científico. Lo que es indiferente, lo que es ‘solo opinión’, es el juicio que pueda hacer cualquiera, sin información ni conocimiento. «Las opiniones son como los culos. Todos tenemos una». Pero hay opiniones que quiero conocer y hay opiniones que valen un culo.

Los divulgadores nos comprometemos cuando opinamos sobre cómo debería ser el etiquetado de un producto, cuando nos oponemos a la anticiencia, cuando nos posicionamos en temas de salud o en temas medioambientales. Está bien que sea así. La divulgación sin compromiso es síntoma de cobardía.

Hay cientos de trabajos de divulgación sobre los mismos temas, con una calidad muy alta en la información que comparten. Lo que hace que se valore a unos por encima de otros es precisamente el mensajero, porque interesa su voz, qué conocimiento construye con esa misma información, cómo lo cuenta y a qué conclusiones llega. Interesa cómo piensa y qué piensa. A las personas nos interesan las personas.

  • El impacto de la divulgación científica

¿Se puede medir el impacto de la divulgación científica? Lo primero que hay que definir es qué entendemos por impacto. Si impacto es elevar la cultura científica de la gente, no se puede medir. Si impacto es audiencia, sí se puede medir.

La pretensión de la divulgación científica es llevar la ciencia a la sociedad, es decir, compartir la ciencia más allá del circuito científico. Convertir la ciencia en un bien accesible. La pretensión más romántica, genuina y posiblemente ingenua de la divulgación científica es incrementar la cultura científica de la gente. También se entiende la divulgación científica como una forma de agitación y propaganda de la ciencia a fin de prestigiarla y, presumiblemente en consecuencia, aumentar su presencia y por tanto la cultura científica general.

No podemos medir si quienes consumen divulgación científica incrementan su cultura científica, pero sí podemos medir a cuántas personas les interesa la divulgación científica.

También hay quien entiende la divulgación científica como un modo de atraer a la gente a la que no le interesa la ciencia, como si los divulgadores fuésemos predicadores. Esto es un error. La divulgación científica es una forma de ocio cultural como lo es el teatro o el cine. Hay demanda. Hay gente a la que le interesa la ciencia o, mejor dicho, la divulgación científica. Se emociona, se divierte, se entretiene, disfruta y posiblemente aprende. La divulgación científica es una forma de ocio en apogeo. Y esto es a todas luces positivo. Si esto tiene como consecuencia un incremento en la cultura científica de la gente, estupendo. Si no fuese así y solo es una forma más de ocio cultural, también es positivo.  

  • Conclusión

Si la pretensión de la divulgación científica es llevar la ciencia a la sociedad, hay que celebrar que se esté convirtiendo en un producto mainstream. Y como todo producto mainstream tiene sus caras visibles. Que haya rockstars de la divulgación es síntoma del éxito de la divulgación científica, de que la ciencia interesa y se consume de forma masiva. Dichosos los rockstars de la divulgación.

Trackbacks

  • Trackback from Lo Mejor de la Semana (20 – 26 de octubre) | Hablando de Ciencia

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