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Cómo planchar de forma más sostenible según la ciencia

La razón por la que los tejidos se arrugan está en su propia naturaleza química. Es un proceso de ruptura y formación de enlaces intermoleculares regulados por el calor, la presión y el agua. Comprender la intimidad de este hecho, desde el punto de vista de la química, nos ha permitido desarrollar nuevas técnicas de planchado que requieren menos esfuerzo y reducen el impacto medioambiental, prolongando la vida de la ropa y disminuyendo el consumo energético.

Planchar para mí siempre ha sido sinónimo de cuidar la ropa. Tanto mi padre como mi madre han dedicado gran parte de sus vidas a la moda. De ellos he aprendido el gusto por la ropa bien confeccionada y también a tratarla con cariño. La plancha forma parte de la finalización de las prendas, desde abrir una costura a fijar una solapa. Aprendí a planchar punto y tejido. Seda, algodón, lino y lo que me echen. Desde pequeña hasta hoy en día.

Utilizo un centro de planchado, exactamente este modelo de Vaporella, entre otras cosas porque resulta más eficiente que la plancha convencional. Además, los centros de planchado son los que habitualmente se usan en el sector de la moda. Ahorran tiempo y, sobre todo, ofrecen acabados profesionales.

Siempre que puedo plancho mi ropa cada semana. Aprovecho el rato para escuchar la radio o algún podcast pendiente. Para mí es un momento apacible. Es algo que he contado numerosas veces en mis redes sociales pensando que era una rareza mía. Sorprendentemente me encontré con muchas personas a las que también les relaja planchar.

Gracias a esta anécdota, Polti se puso en contacto conmigo para proponerme contar de forma divulgativa toda la ciencia que hay tras el planchado de la ropa. Les propuse explicar cómo se hacen y deshacen las arrugas desde el punto de vista de la química, y además todo lo que tiene que ver con el impacto ambiental y la sostenibilidad que, tanto para ellos y como para mí es incluso más importante. Este es el resultado.

Cómo se forman las arrugas                      

Los tejidos de origen vegetal como el algodón, el lino o el cáñamo, están formados por celulosa. La celulosa es un polímero lineal, es decir, está formado por unidades de glucosa unidas una tras otra, como las cuentas de un collar. Entre las cadenas de celulosa se establecen enlaces débiles denominados puentes de hidrógeno.

Estos enlaces de hidrógeno son particularmente dinámicos, pueden romperse y volverse a formar con cierta facilidad. Solo la presión ejercida de una prenda doblada sobre otra es capaz de modificar los enlaces de hidrógeno de algunos tejidos, por eso algunas prendas se arrugan con tanta facilidad.

Los tejidos se arrugan más o menos según su composición. Los tejidos naturales de celulosa son los que se arrugan con mayor facilidad (algodón, lino…). Los tejidos de fibras regeneradas de celulosa se arrugan menos. Se fabrican a partir de celulosa natural. Primero la celulosa se somete a transformaciones químicas para convertirla en nitratos o acetatos de celulosa, y después se reconfigura en fibras. El rayón, la viscosa, el acetato o el tencel son fibras regeneradas de celulosa. Las fibras sintéticas (poliéster, nailon…) tienen una naturaleza más variada, pero en general tienden a arrugarse menos. Y por último, las que menos se arrugan son las fibras de origen animal como la seda y la lana.

Una de las razones por las que a los tejidos naturales se les añaden fibras sintéticas o regeneradas, como el elastano o la viscosa, es que el tejido se arruga menos, además de ganar flexibilidad y ajustarse mejor al cuerpo.

La estructura de los tejidos también influye en la formación de arrugas, así los tejidos planos, como las telas de camisa convencionales, se arrugan más que los tejidos de punto, como los de un jersey, aunque ambos tengan la misma composición.

También influye el conteo de hilos por centímetros cuadrado y lo tensadas que estén las costuras. Cuanto más laxo sea un tejido, más fácil será que este forme arrugas. Además, los hilos están retorcidos unos sobre otros, así que cuanto más estirados y tensos permanecerán más rectos en el tejido. Los tejidos de alta calidad, como un mantón de Manila no se arrugan por esta razón. Los tejidos de baja calidad se arrugan mucho porque los hilos están desvaídos, muy abiertos.

Desde el punto de vista químico, la formación de arrugas se entiende como un proceso de ruptura y formación de enlaces en la que influyen factores como la humedad, la temperatura y la presión. Los polímeros que conforman los tejidos presentan dos tipos de enlaces: enlaces fuertes llamados covalentes que mantienen unidos los monómeros que conforman el polímero, y enlaces débiles de hidrógeno que mantienen unidos los polímeros entre sí.

Los enlaces covalentes son demasiado fuertes para romperse por acción de la presión o la temperatura a la que normalmente sometemos a la ropa, pero sí se vuelven más dúctiles. A este proceso se le conoce como transición vítrea, en el que un polímero amorfo puede evolucionar a vítreo (duro y reordenado) por acción de la presión y la temperatura. Por ejemplo, el algodón tiene el punto de transición vítrea a 22° C con una humedad relativa de 78%, es decir, una vez el algodón supera estos parámetros comenzará a arrugarse.

Los enlaces de hidrógeno son suficientemente débiles como para romperse por acción de la presión, la temperatura y la humedad. Las moléculas de agua pueden colocarse entre los polímeros de celulosa condicionando los enlaces que establecen unos con otros. Este proceso se ve favorecido por el calor. Cuando la prenda de ropa se seca, pierde estas moléculas de agua por evaporación y se vuelven a conformar los enlaces de hidrógeno, pero se establecen en la nueva posición que hayan adoptado, ya sea lisa o arrugada. Esa es la razón por la que la ropa sale arrugada de la lavadora y mantiene las arrugas una vez seca.

Los tejidos basados en celulosa, como el algodón, el lino y el rayón son los que más se arrugan porque tienen más capacidad para alojar agua entre sus fibras que los tejidos sintéticos como el poliéster o la poliamida.

Cómo desaparecen las arrugas al planchar

Al planchar aplicamos fundamentalmente presión y calor sobre los tejidos. Esto reblandece el tejido (llegamos a la temperatura de transición vítrea) y nos permite reordenarlo hasta que los polímeros de celulosa se alineen como deseamos. Al enfriar, los enlaces covalentes mantienen la posición que hemos forzado, y se establecen nuevos enlaces de hidrógeno que los mantienen estables en su nueva posición.

Imagen: Polti

Para facilitar este proceso también empleamos el vapor de agua. El agua favorece la aparición de arrugas, pero a través el mismo mecanismo también nos permite deshacerlas sin necesidad de aplicar tanta presión y temperatura. Al planchar con vapor estamos reordenando los polímeros de celulosa e introduciendo entre las fibras moléculas de agua que inducen la formación de nuevos enlaces de hidrógeno.

Al aplicar vapor, el proceso de planchado es más delicado y mantiene la integridad de los hilos, por lo que es un factor determinante en el cuidado de los tejidos.

Planchar aumenta la vida útil de la ropa

El sector textil produce un elevado impacto medioambiental. Desde la producción de tejidos, a la confección, al acondicionamiento de las prendas de ropa terminadas. También es determinante la cantidad de ropa que se consume y la creciente rotación, ya que la ropa se compra y se tira en ciclos cada vez más cortos. En esto no solo influyen los vaivenes de la moda y la cultura de consumo, sino también la calidad y el cuidado de las prendas.

Las fibras regeneradas de celulosa se hilan haciendo uso del spinneret. Este mecanismo permite regular el grado de prensado de las fibras que conforman los hilos. Cuanto más y mejor prensadas estén las fibras, más difícil será que se despeguen. Cuando parte de las fibras se despegan, el tejido se ve envejecido y favorece la aparición de las temidas bolitas. La razón es que las fibras sueltas reestablecen nuevos enlaces de hidrógeno entre sí fuera de la trama del tejido. Esto sucede tanto en fibras de celulosa naturales como en regeneradas.

Al planchar prevenimos este proceso de envejecimiento, ya que forzamos a las fibras a mantener enlaces entre sí dentro de la trama del tejido. También podemos revertir este proceso en gran medida ya que, al planchar con vapor, forzamos a las fibras sueltas a volver a adherirse a la trama principal. Esta es una de las razones por las que el planchado aumenta la vida útil de las prendas.

A lo largo de la historia planchar la ropa también ha servido para mantener a raya microbios patógenos. Hace 70 años se planchaba para prevenir tres horribles enfermedades infecciosas que mataron a millones de personas. En su tiempo solo nombrarlas provocaba terror: el tifus, la fiebre de las trincheras y la fiebre recurrente epidémica. La razón se encuentra en el vector común de estas 3 enfermedades: el pediculus humanus humanus, un parásito que necesita de la ropa para vivir.

Es probable que los griegos y los chinos ya comprobasen que planchar la ropa eliminaba a los piojos del cuerpo. Pero no fue hasta la Guerra de Secesión Norteamericana, cuando algunos médicos y enfermeras dejaron registro de sus observaciones sobre cómo planchar los uniformes mataba a los piojos e inactivaba sus huevos. Empezaron a recomendar a los soldados que plancharan frecuentemente su ropa, sobre todo en las zonas de costuras. Era una forma fácil y efectiva de prevenir el tifus.

No fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando el efecto del planchado se estudió rigurosamente. Varios estudios científicos en los dos bandos demostraron que planchar la ropa era el mejor remedio contra estos parásitos. Hervir la ropa también era muy eficaz. Las enfermeras desarrollaron una importante labor didáctica en este sentido y la práctica del planchado se generalizó.

Con el fin de la Gran Guerra, los fabricantes de electrodomésticos empezaron a producir millones de planchas al año: en cada hogar una plancha. La razón por la que se planchaba en los hogares no era estética, sino una medida de higiene.

Formación de biofilm

En la actualidad, según las encuestas, el 23% de la gente sigue planchando por razones de higiene. La temperatura que alcanzan los tejidos con la plancha es normalmente superior a la de lavado, con lo que algunos patógenos resistentes que residen en los tejidos no desaparecen hasta que los planchamos, especialmente los tejidos naturales como el algodón, que ofrecen unas condiciones óptimas para la proliferación de microorganismos. Los asentamientos microbianos reducen la vida útil de los tejidos, además de ser un foco de infección. Y si estos microbios llegan a formar un biofilm, una colonia asentada prácticamente imposible de destruir, el tejido se transforma en un residuo irrecuperable.

El impacto medioambiental del planchado

La industria textil es uno de los mayores productores de gases de efecto invernadero, y representa aproximadamente el 10% de las emisiones mundiales. Teniendo en cuenta todo el ciclo de vida de los productos textiles, desde la producción hasta la eliminación, la mayor cantidad de energía se consume durante el cuidado del producto (es decir, lavado, secado, planchado y otros procesos de mantenimiento), lo que representa casi el 39% de estas emisiones de gases de efecto invernadero. Por lo tanto, el cuidado sostenible de los productos textiles es crítico para reducir su impacto medioambiental.

La fibra de algodón requiere un gasto de energía elevado en su cuidado. Por ejemplo, para una camiseta del algodón, el 40% del gasto energético se corresponde con la manufactura, el 60% restante deriva del mantenimiento que hace de ella el consumidor durante el lavado, secado y planchado. Por ese motivo resulta conveniente usar electrodomésticos que optimicen el gasto energético.

Según la Guía práctica de la energía del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, un hogar medio en España consume cerca de 4.000 kWh al año. En el caso de un hogar que dispusiera de todos los equipos de suministro eléctricos, el 7% sería el de pequeños electrodomésticos, entre ellos la plancha.

Si nos centramos en el planchado, el gasto energético se puede reducir de dos maneras. Una es planchando mayores cantidades de ropa cada vez. En lugar de encender la plancha cada vez que se quiera planchar una prenda, aprovechar para planchar más prendas. Y la otra forma es optar por centros de planchado. Según el informe del IDAE, los centros de planchado ahorran hasta un 46% frente a las planchas convencionales de vapor.

—Principales fuentes consultadas:

Guía práctica de la energía del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

Sustainable care of textile products and its environmental impact: Tumble-drying and ironing processes. Changsang Yun, Sarif Patwary, Melody L. A. LeHew, and Jooyoun Kim. Fibers and Polymers 2017, Vol.18, No.3, 590-596.

Self-healing of the superhydrophobicity by ironing for the abrasion durable superhydrophobic cotton fabrics. Wu, J., Li, J., Deng, B. et al.. Sci Rep 3, 2951. Nature (2013)

S.J. Weicksel. The dress of the enemy: clothing and disease in the Civil War era. Civil War History. The Kent State University Press vol 63 133-150 (2017)

Lettau L.A. Nosocomial transmission and infection control aspects of parasitic and ectoparasitic diseases. Part III. Ectoparasites. Infection Control & Hospital Epidemiology 12 (3) 179-185 (1991).

Héctor Díaz- Alejo,  Victoria López-Rodas y Eduardo Costas. Universidad Complutense de Madrid. Planchar la ropa no es solo una cuestión estética. Publicado en Tendencias científicas.

Los centros de planchado compensan con las grandes coladas. Estudio realizado por Consumer.

¿Qué consume más, la plancha convencional o el centro de planchado? Estudio realizado por el Laboratorio del ahorro.

How chemistry can make your ironing easier. Mark Lorch, Professor of Science Communication and Chemistry, University of Hull. Publicado en The Conversation.

¿Por qué planchar alisa la ropa? América Valenzuela. Publicado en RTVE.

—Nota:

Gracias a Polti por apoyar la divulgación científica. Este trabajo ha sido escrito con total libertad y eso ha sido posible gracias a ellos y a su compromiso con la ciencia.